La integración ferroviaria sigue siendo sólo un sueño

El 25 de Agosto de 1982, la inauguración oficial del puente internacional de Salto Grande, daba por concluido el proyecto de la construcción de la represa hidroeléctrica, proyecto que hasta el día de hoy permanece trunco, si tenemos en cuenta las cinco claves con que fue concebido.
- Proveer el agua para fines domésticos y sanitarios
- Facilitar la navegación posibilitando que las embarcaciones se desplacen hacia el norte hasta la frontera con Brasil.
- Aprovechar la fuerza del agua para producir energía eléctrica.
- Utilizar el agua para riego.
- Contribuir al desarrollo regional.
De estos cinco propósitos prácticamente sólo la producción energética y el abastecimiento de agua a las poblaciones ribereñas para fines domésticos y sanitarios se han cumplido. Las restantes siguen dormidas. Una en particular, la navegabilidad del río Uruguay en los hechos ha sido  descartada y seguramente poder reflotar este aspecto no es tarea sencilla. Los tiempos han cambiado, las condiciones de la región han cambiado y por lo tanto se hacen imprescindibles nuevos estudios para saber si se justificaría la realización de las costosas obras.
Aún con la convicción de que facilitar vías de comunicación ha sido siempre un aspecto  positivo para el desarrollo de los pueblos y cuando hay opciones que han demostrado su viabilidad de construcción, como el proyecto de esclusas de San Antonio, existen otros aspectos que los gobiernos hasta hoy han considerado determinantes, como lo es la inversión que requeriría dicho proyecto.
No se trata -según se sostiene – solo de la viabilidad de poder hacerlo, sino de la viabilidad económica para que tenga el resarcimiento que se pretende, ya sea en forma directa o en la incidencia que pudiera tener en el desarrollo de los pueblos de la región.
Pero volviendo a aquel 25 de Agosto de 1982, recordamos que la integración ferroviaria era por entonces la gran esperanza para el desarrollo del polo regional, dado que se esperaba que el tren fuera una vía de comunicación viable desde Bolivia hasta el puerto de Montevideo.
Es quizás uno de los desafíos más importantes y a su vez más relegados del proyecto de Salto Grande. Lejos de convertirse en una vía de comunicación regional, pronto lo poco que se hizo fue cayendo en el olvido y los trenes, ya no bolivianos sino argentinos, dejaron de pasar y la integración ferroviaria quedó en el olvido.
Han pasado de esto 24 años, el sueño sigue latente, la necesidad también, pero todo indica que seguirá durmiendo, porque este, como varios proyectos más de integración regional siguen sin despertar el interés político imprescindible en la región.
Hoy cuando varios de los principales gobiernos del MERCOSUR, se aprestan a volver a elegir autoridades, sería interesante que también se comprometieran con estos sueños regionales.
Sería lo más justo con la región.

El 25 de Agosto de 1982, la inauguración oficial del puente internacional de Salto Grande, daba por concluido el proyecto de la construcción de la represa hidroeléctrica, proyecto que hasta el día de hoy permanece trunco, si tenemos en cuenta las cinco claves con que fue concebido.

– Proveer el agua para fines domésticos y sanitarios

– Facilitar la navegación posibilitando que las embarcaciones se desplacen hacia el norte hasta la frontera con Brasil.

– Aprovechar la fuerza del agua para producir energía eléctrica.

– Utilizar el agua para riego.

– Contribuir al desarrollo regional.

De estos cinco propósitos prácticamente sólo la producción energética y el abastecimiento de agua a las poblaciones ribereñas para fines domésticos y sanitarios se han cumplido. Las restantes siguen dormidas. Una en particular, la navegabilidad del río Uruguay en los hechos ha sido  descartada y seguramente poder reflotar este aspecto no es tarea sencilla. Los tiempos han cambiado, las condiciones de la región han cambiado y por lo tanto se hacen imprescindibles nuevos estudios para saber si se justificaría la realización de las costosas obras.

Aún con la convicción de que facilitar vías de comunicación ha sido siempre un aspecto  positivo para el desarrollo de los pueblos y cuando hay opciones que han demostrado su viabilidad de construcción, como el proyecto de esclusas de San Antonio, existen otros aspectos que los gobiernos hasta hoy han considerado determinantes, como lo es la inversión que requeriría dicho proyecto.

No se trata -según se sostiene – solo de la viabilidad de poder hacerlo, sino de la viabilidad económica para que tenga el resarcimiento que se pretende, ya sea en forma directa o en la incidencia que pudiera tener en el desarrollo de los pueblos de la región.

Pero volviendo a aquel 25 de Agosto de 1982, recordamos que la integración ferroviaria era por entonces la gran esperanza para el desarrollo del polo regional, dado que se esperaba que el tren fuera una vía de comunicación viable desde Bolivia hasta el puerto de Montevideo.

Es quizás uno de los desafíos más importantes y a su vez más relegados del proyecto de Salto Grande. Lejos de convertirse en una vía de comunicación regional, pronto lo poco que se hizo fue cayendo en el olvido y los trenes, ya no bolivianos sino argentinos, dejaron de pasar y la integración ferroviaria quedó en el olvido.

Han pasado de esto 24 años, el sueño sigue latente, la necesidad también, pero todo indica que seguirá durmiendo, porque este, como varios proyectos más de integración regional siguen sin despertar el interés político imprescindible en la región.

Hoy cuando varios de los principales gobiernos del MERCOSUR, se aprestan a volver a elegir autoridades, sería interesante que también se comprometieran con estos sueños regionales.

Sería lo más justo con la región.