La ironía no es una buena vía

Muchas veces entendemos que el humor irónico denota inteligencia. Honestamente, creemos que no en todas las ocasiones es así. Entre el humor irónico y la grosera agresión que provoca más rechazo que adhesión en los interlocutores, hay sólo un hilo muy delgado de distancia.

En estos tiempos electorales lo vemos a diario y lamentablemente nadie escapa a esto.

Que al presidente de la República “se le va la moto”, como suele decirse actualmente, no es novedad y nada justifica sus improperios. Él mismo lo ha reconocido, pero los sigue cometiendo.

Pero tampoco se pueden justificar las reacciones opositoras cuando se hacen en el mismo plano. Hemos visto reiterados ataques irónicos al Ministro del Interior y con mucha ironía también hemos escuchado cargos y acusaciones en materia de educación y de políticas de minoridad.

Es lamentable que estemos cayendo en este tipo de ironías, porque llevan a perder seriedad, responsabilidad y credibilidad.

Hablan de reacciones impulsivas, de argumentos poco sólidos y en definitiva se vuelven contraproducentes.

En materia de minoridad la cuestión se ha limitado al SÍ a la baja de la edad de imputabilidad a los menores, o el NO.

Es poco lo que se explica y argumenta en uno u otro sentido.

El NO a la baja tiene mucho para explicar, tanto como el SÍ a la cuestión.

Enfrascadas en la contienda electoral, ambas posiciones se ocupan de argumentar por el SÍ o por el NO, pero se olvidan de tratar de profundizar y llegar a la raíz de la problemática.

Uruguay, como el resto del mundo enfrenta un grave problema en este sentido, un problema que surge precisamente de las políticas surgidas varias décadas atrás, que se basaban en el “hacé la tuya” y en el “lo que sirve es tener, no importa cómo”.

Hoy sufrimos los resultados de estas políticas. Hoy hay generaciones enteras de adolescentes y jóvenes a quienes no les importa como obtener lo que pretender tener, para “ser alguien”. Si para lograrlo tienen que robar, agredir yhasta matar, lo mismo da.

Pedimos represión, castigos, pero pocas veces nos detenemos en analizar las causas y nuestras propias culpas sociales en estos temas.

Hay que saber que hoy estos jóvenes, no tienen el menor apego a la vida. Vivir pasando necesidades, teniendo que invertir mucho tiempo de su vida para construir algo, ya sea un lugar en la comunidad, estudiando o aprendiendo un oficio, es algo que para ellos no tiene sentido.

Este es el fruto de lo que les hemos inculcado a través de ciertas premisas. Todos en alguna medida tenemos culpa en esto y por lo tanto, el análisis del tema debería ser mucho más profundo y más serio de lo que vemos habitualmente.

Abordarlo con ironía no es una buena cosa.

Alberto Rodríguez Díaz

uchas veces entendemos que el humor irónico denota inteligencia. Honestamente, creemos que no en todas las ocasiones es así. Entre el humor irónico y la grosera agresión que provoca más rechazo que adhesión en los interlocutores, hay sólo un hilo muy delgado de distancia.
En estos tiempos electorales lo vemos a diario y lamentablemente nadie escapa a esto.
Que al presidente de la República “se le va la moto”, como suele decirse actualmente, no es novedad y nada justifica sus improperios. Él mismo lo ha reconocido, pero los sigue cometiendo.
Pero tampoco se pueden justificar las reacciones opositoras cuando se hacen en el mismo plano. Hemos visto reiterados ataques irónicos al Ministro del Interior y con mucha ironía también hemos escuchado cargos y acusaciones en materia de educación y de políticas de minoridad.
Es lamentable que estemos cayendo en este tipo de ironías, porque llevan a perder seriedad, responsabilidad y credibilidad.
Hablan de reacciones impulsivas, de argumentos poco sólidos y en definitiva se vuelven contraproducentes.
En materia de minoridad la cuestión se ha limitado al SÍ a la baja de la edad de imputabilidad a los menores, o el NO.
Es poco lo que se explica y argumenta en uno u otro sentido.
El NO a la baja tiene mucho para explicar, tanto como el SÍ a la cuestión.
Enfrascadas en la contienda electoral, ambas posiciones se ocupan de argumentar por el SÍ o por el NO, pero se olvidan de tratar de profundizar y llegar a la raíz de la problemática.
Uruguay, como el resto del mundo enfrenta un grave problema en este sentido, un problema que surge precisamente de las políticas surgidas varias décadas atrás, que se basaban en el “hacé la tuya” y en el “lo que sirve es tener, no importa cómo”.
Hoy sufrimos los resultados de estas políticas. Hoy hay generaciones enteras de adolescentes y jóvenes a quienes no les importa como obtener lo que pretender tener, para “ser alguien”. Si para lograrlo tienen que robar, agredir yhasta matar, lo mismo da.
Pedimos represión, castigos, pero pocas veces nos detenemos en analizar las causas y nuestras propias culpas sociales en estos temas.
Hay que saber que hoy estos jóvenes, no tienen el menor apego a la vida. Vivir pasando necesidades, teniendo que invertir mucho tiempo de su vida para construir algo, ya sea un lugar en la comunidad, estudiando o aprendiendo un oficio, es algo que para ellos no tiene sentido.
Este es el fruto de lo que les hemos inculcado a través de ciertas premisas. Todos en alguna medida tenemos culpa en esto y por lo tanto, el análisis del tema debería ser mucho más profundo y más serio de lo que vemos habitualmente.
Abordarlo con ironía no es una buena cosa.
Alberto Rodríguez Díaz