La letra con sangre entra…

Así lo escuchamos decir muchas veces a nuestros mayores y aunque no compartimos, entendemos por qué lo decían.
Es que la única forma que conocemos de explotar al máximo nuestras propias posibilidades y dar absolutamente todo lo que somos capaces de dar, es concentrándonos en lo que hacemos, lo que no significa que tengamos que aplicar un castigo físico para lograrlo, porque no todas las personas además tenemos la misma capacidad para lo mismo.
Pero es la única manera que conocemos y por lo tanto las distracciones de cualquier índole, conspiran contra estas posibilidades.
Además hay otros aspectos en los que lamentablemente la premisa que sostenían nuestros mayores asume plena vigencia.
Nos referimos a las transgresiones y las infracciones o faltas que cometemos a diario todos, consciente o inconscientemente.
Es habitual por ejemplo, ver pasar a peatones por lugares en donde no están habilitados para hacerlo (en las esquinas), motonetistas circulando sin casco, sin luces o sin espejo, levantando las ruedas y demás…
Conductores que circulan hablando por celular, o se detienen sobre el espacio de las esquinas con semáforo que está demarcado para el pasaje de los peatones son faltas habituales.
Pero alguna vez nos detuvimos a pensar ¿por qué somos tan proclives a cometer infracciones, esto es hacer caso omiso a las disposiciones que se ha dado la propia sociedad para una vida comunitaria respetuosa y respetada?
La gente de Europa e incluso de alguna otra ciudad de la región es más respetuosa ¿sólo por educación o una tendencia cultural a respetar las normas?
Lamentablemente estamos convencidos de que no es así. Este respeto ha sido apoyado con multas y sanciones ejemplarizantes a punto tal que en algunos casos, el dueño de un vehículo participante en un accidente de tránsito que es hallado culpable de infringir normas elementales, como el conducir alcoholizado, o atropellar a alguien en una cebra, se ve obligado a vender su vehículo para pagar la multa y asimismo queda muchas veces altamente endeudado.
Hasta las mínimas infracciones tienen un altísimo costo. Esto es impensable en nuestra sociedad por el hecho que de alguna manera somos todos infractores… pero alguna vez tendremos que aprender que las normas se hicieron para respetarlas y no interesa si hoy la puedo pagar y por lo tanto las infrinjo…
No sólo es de mala educación, sino de irresponsables e irrespetuosos y esta conducta debe ser erradicada con multas “dolorosas”.
Alberto Rodríguez Díaz