La ley existe para ser aplicada, ni más ni menos

En su edición del fin de semana último, “el Observador”, relata una anécdota que entendemos debe contarse para saber a que atenernos y cual es la situación real y concreta que se vive muchas veces.
Dice así: Aquella tarde de febrero el teléfono de Carlos volvió a sonar. Era su esposa, que le pedía que volviera a la casa, porque por tercer día consecutivo sus vecinos estaban arrojando piedras contra la vivienda ubicada en un barrio humilde de Progreso. El, que es policía, estaba acostumbrado al hostigamiento de los adictos, ladrones, y narcotraficantes que tenía como vecinos, y para calmarla le dijo que “si eran sólo unas piedritas no pasaba nada”. En apenas unos minutos ya eran más de 20 los que arrojaban toda clase de proyectiles contra la vivienda, el estallido de las ventanas, el golpeteo incesante de objetos contra la chapa del techo y las detonaciones de disparos en la esquina aterrorizaron a la familia que se atrincheró en la casa como pudo. Carlos, que trabajaba a varios kilómetros del lugar, emprendió un viaje a toda velocidad rumbo a su casa, y tan pronto como llegó ingresó bajo una lluvia de piedras, desenfundó su arma de reglamento y apuntó a la puerta con la intención de disparar en caso de que la turba decidiera entrar.
El policía recuerda el retumbar del techo, la sangre de su hijo herido por el impacto de uno de los objetos arrojados, el llanto de sus nietas de apenas 3 años y la difícil decisión que debió tomar cuando a las 5 de la mañana cesó el bullicio.
Con las primeras luces del día Carlos se subió a la camioneta y con su familia escondida en la caja del vehículo, decidió abandonar la casa en la que había vivido 30 años, para no volver nunca más. “El trabajo de una vida, lo perdimos en un día”, cuenta mientras intenta ocultar las lágrimas que vienen a su ojos.
De acuerdo a lo publicado por El Observador en la misma nota, 112 policías en el país viven en viviendas que han ocupado en forma ilegal y 764 son los que quieren mudarse del lugar donde viven porque se trata de una zona conflictiva y faltan servicios, según encuesta del Ministerio del Interior a la que se hace referencia. Estas situaciones absolutamente injustas, arbitrarias que denotan flagrantes abusos y falta de respeto a los derechos de los demás, son las que en definitiva llevan a que sea mucha gente la que pide medidas extremas, que a nuestro criterio lejos de aportar una solución, así sea gradual a estas situaciones, son el caldo de cultivo para fomentar extremismos más crueles aún. La prudencia aconseja obrar como corresponde, de acuerdo a la ley (no con omisiones o mirando para otro lado) y poniendo en vereda a los infractores, aún a riesgo de cometer algún error, pero agotando los recursos legales que son muchos y deben ser aplicados con todo rigor.
Ni más, ni menos.
Alberto Rodríguez Díaz







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