La manía del nuevo juego virtual

En la mañana anterior coincidimos en caminar por la ciudad a la hora de entrada de estudiantes de algunos centros de estudios y la experiencia nos sirvió para ubicarnos en varios temas.
Uno de los principales fue comprobar cómo en la era de las comunicaciones – porque uno de los rubros que más se ha desarrollado en estos tiempos es la tecnología de las comunicaciones- con el celular, la computadora, las redes sociales y demás, vivimos cada vez más aislados.
Podemos caminar junto a otra persona pero “estar” muy lejos de ella. A la prueba está que muchos de los jóvenes con los cuales nos cruzábamos iban con audífonos, seguramente escuchando música.
Ni que hablar del uso del teléfono móvil o celular que está harto difundido en nuestros días y ya no asombra a nadie ver a una persona hablando por celular mientras camina.
Pero por si faltaba algo llegó la manía del Pokéemon Go, mirar a los cientos de seguidores sólo en nuestra comarca, es sentir vergüenza ajena. Es comprobar cómo las modernas tecnologías han logrado establecer un dominio subrepticio que nos ha hecho perder por completo nuestro sentido de la realidad.
Para quienes se integran al juego, es como si fuera algo “vital”, que un adolescente o un joven (hay también de mayor edad), no esté “buscando Pokéemon”, es visto hasta como “raro” por ellos. Lo fabuloso de todo esto es comprobar cómo ha sido este juego capaz de mover de un día para el otro a millones y millones de personas en el mundo entero como si se tratara de rebaños.
Con la zanahoria de “viajar por el mundo”, porque hay que trasladarse y algunos “pseudo testimonios”, de gente que ha conocido gente en el camino y ha formado grupos de redes sociales, es probable que también aparezca alguien ganando algo (porque en principio no hay un premio más que la satisfacción de jugar).
El hecho de que sea un juego virtual (no real), porque en realidad los “pokemones” no existen, es para quienes participan del mismo un dato menor “sin importancia”, que no justifica que se detengan a analizar este aspecto.
Tampoco se detienen a ver si tiene costo adicional, ya sea en el uso de la telefonía celular, en la necesidad de disponer de un aparato más moderno y más tecnificado, etc.
Las jóvenes generaciones en buena medida ya han sido alienadas por así decirlo, por las tecnologías, al punto que se les hace difícil discernir entre el denominado mundo virtual y la realidad de nuestra vida.
¿Hasta dónde llegaremos? Realmente nos asusta.







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