La mayor droga es el ocio

La realidad de las poblaciones del interior de nuestro departamento, como del resto de las poblaciones rurales del país, no escapa a lo que ha sido la transformación de valores sufrida en los últimos tiempos.
Lamentablemente las posibilidades del aprovechamiento de los formidables recursos tecnológicos y de la comunicación, para cultivarse personalmente, ha sido infectadas por los antivalores que también arrastra la tecnología actual.
Hoy lamentablemente el consumismo marca los tiempos.
Es difícil lograr que nuestros adolescentes entiendan que todo tiene su tiempo y la perseverancia e inversión de tiempo en cultivar conocimientos, si bien no garantiza nada, es imprescindible para alcanzar las metas que nos proponemos.
Con mucho dolor vemos que hoy el éxito es primero “la bici”, para saltar, trepar y demás (como lo hacen en la tele) y luego la moto, los “championes”, la ropa de marca y similar. Sin ver que en realidad nos están manejando los grandes medios a su antojo, sin que siquiera nos demos cuenta.
Pero además todo hay que tenerlo hoy para hoy.
Esta política de consumo que se nos ha impuesto a través de los medios de comunicación masiva, en especial la televisión, luego Internet, Facebook, Whats app, que le disputa el lugar principal en la preferencia del consumidor y “”ainda mais”, nos lleva a que los adolescentes sobre todo, ya no se interesen por otra cosa que no sea por tener lo que les interesa “ya”, por aparentar, por alcanzar cuanto antes y a cualquier precio lo que creen que les hará mas “atractivos” entre sus pares y en definitiva les dará el placer ansiado, sin importar cuanto puede durar.
Es esta una política tremendamente nociva. No sólo para quienes se obsesionan con los bienes que “los hará felices” y los obtienen, aún cuando sus padres deban realizar esfuerzos que no siempre están a su alcance, sino sobre todo para aquellos jóvenes víctimas de la misma “enfermedad social” que de todas maneras no logran obtener dichos bienes y por lo tanto se “bajonean”, se vuelven depresivos y muchas veces toman determinaciones fatales.
Son víctimas fáciles, carne de cañón para los estupefacientes, para todo tipo de droga que les permita evadir la realidad y sus “desgracias”.
Otras veces arruinan su vida de forma diferente, pero de cualquier manera, el ocio y el desaprovechamiento de los mejores años para el aprendizaje, y la adquisición de conocimiento, resultan muy difícil de revertir.
Es crudo, pero real.
El costo que tiene el consumismo no siempre se revela.
Hay muchos intereses en juego. El comercio, la industria y prácticamente todas las actividades cotidianas de la comunidad, salvo contadas excepciones están movidas por el logro de la satisfacción de estas “necesidades” y la publicidad está habitualmente encarada a vender “la felicidad” que les da la posesión de estos bienes, de estas prendas, del celular tal…
Está lejos de nosotros, y por lo tanto más aún de nuestros jóvenes, la posibilidad de entender que muchas veces corremos detrás de bienes superfluos, innecesarios, el mejor televisor, la mejor computadora, ni que hablar de la moto o el coche…
Concretamente. Hay mucho por hacer y necesariamente es preciso mover hasta las raíces, cosa que no es fácil, precisamente.
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