La necesidad de ver más allá de la superficie

Muchas cosas cambian, la mayoría por la influencia del hombre ya sea sobre el medio ambiente o sencillamente sobre las condiciones de vida o los hábitos culturales que profesan. Pero también hay cosas que cambian con el simple transcurrir del tiempo, debido a que cualquier acción humana influye sobre el ambiente y las condiciones de vida en general.
Ahora bien, hay cosas que no cambian y no cambiarán jamás. La esencia del periodismo, que es la investigación, la verificación para que lo que se publique o se difunda por otros medios, sea irrefutable, es uno de estos elementos.
Esto va muchas veces contra el hábito de alguna gente que acostumbra a opinar según le va en la feria, o de dejarse llevar por la correntada. Es más fácil opinar a favor de grandes masas, que chequear, analizar y tratar de descubrir hasta el último aspecto que influye en cada tema.
Siempre ha sido así y entendemos que seguirá siéndolo. No somos “opinadores” profesionales, apenas intentamos profundizar en algunos temas, pero como dijera gente de campaña, “desconfiado como pingo tuerto”. Cuando vemos confluir detrás de un tema a gente que sabemos que piensa diametralmente opuesto a lo que pensamos, no podemos menos que tratar de ver más allá de la superficie.
Y conste que no estamos haciendo referencia a ningún tema específico, aunque haya gente que pueda sentirse aludida, pero una de las cosas que vemos a menudo y nos llama la atención, es la facilidad con que las nuevas generaciones pierden de vista la historia, incluso la más reciente, vivida por sus propios mayores.
No importa que la hayan vivido y sufrido gente de su propio entorno, gente que ellos conocen y saben cómo piensa, los mensajes explícitos o subliminales que se emiten hoy son “una apuesta al futuro”, una apuesta a que “lo pasado pisado, lo que pasó ayer “ya fue”, ahora es otra cosa.
Reflexiones como estas son las que cimentan la frivolidad, la superficialidad, y dejan a la vista acciones que llevarán inexorablemente, apenas las pongamos a la luz de la historia, a repetir los errores que en el pasado nos costaron tan caro.
Muchas de las cosas que sucedieron e incluso de las obras que hoy tenemos, muchas con aciertos y otras tantas con “errores” (por usar un término benévolo), fueron impulsadas o autorizadas por alguien, probablemente él o los mismos que hoy están cuestionando lo existente.
Esta es la cuestión, al que le caiga el sayo, que se lo ponga…
A.R.D.







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