La necesidad de ver muy bien hacia dónde vamos

Habiendo ganado la presidencia de su país por un amplísimo margen, Alberto Fujimori expresidente de Perú se constituyó luego en uno de los presidentes más corruptos y sanguinarios de la nación incaica, al punto que aún hoy ya octogenerio, permanece en prisión.
Sin embargo América Latina y probablemente algunos países más se han sorprendido con la votación recogida por su hija Keiko Fujimori en la primera vuelta de las elecciones que aún están en disputa en dicho país, en las que Keiko, obviamente considerada seguidora de las ideas de su padre recogió casi el doble de los votos de quien habrá de ser su contrincante en la segunda vuelta el 5 de junio de 2016.
Esto indica sin duda alguna que gran parte del pueblo peruano aún le profesa simpatía a las ideas de Fujimori y seguramente anhelan algo distinto a la realidad que tiene hoy.
Precisamente la segunda fuerza lleva como eslogan emblemático “Peruanos por el Kambio”, un eslogan que intenta atraer la voluntad popular, pero al menos en la primera vuelta no ha sido así.
Esto seguramente nos hace vislumbrar, en primer lugar la facilidad y ligereza con que se cambia de opinión en nuestros días. Cuando Fujimori fuera finalmente procesado bajo graves acusaciones, luego de ser extraditado desde Chile adonde se había refugiado, era amplia mayoría la opinión peruana que rechazaba su ideología, sin embargo en nuestros días esta opinión parece haber sido olvidada, dejada de lado o sencillamente cambiada, dado que su hija, que obviamente lleva la pesada carga de su apellido, obtiene una notoria mayoría en la voluntad popular.
Esta paradoja no es para nada rara en latinoamérica, dado que toda la globalización lleva a reaccionar, a buscar cambios a la realidad a menudo llena de dificultades y entonces se busca cambiar fácilmente, sin analizar por supuesto qué es lo que supone.
Si miramos América Latina, la misma idea de cambio que se vislumbraba años atrás, postdictaduras implantadas por el teneboroso Plan Cóndor, que trajo gobiernos “de izquierda” para casi toda América, hoy se vuelve a manifestar, pero los cambios que impulsa son de la ideología contraria o muy cercanas a esto. Ha cambiado Argentina, probablemente cambie Brasil, Venezuela está en una encrucijada muy difícil y obviamente también Perú.
No sería difícil que dentro de un tiempo la misma opinión mayoritaria se volcara nuevamente hacia otra ideología muy diferente.
Lo preocupante no es que se cambie, sino que se lo haga sin un análisis profundo de las causas y sopesando las consecuencias, como debería hacerse si queremos que la nación “camine” hacia una comunidad más justa, solidaria y equitativa.