La obligación de ver más allá del hoy

n toda empresa, pero en particular cuando ésta es nada menos que un país, quienes circunstancialmente tienen la responsabilidad de su conducción,  tienen a su vez la ineludible tarea de planificar y de pensar la empresa más allá del hoy.
En contrapartida, el riesgo que existe es el de tomar decisiones «en caliente», de responder con reacciones impulsivas a algunas acciones de provocación que incluso pueden estar minuciosamente planificadas, desde afuera o incluso desde adentro, para buscar estas reacciones cuyos efectos a la larga serían muy nocivos.
Nos explicamos, cuando se registran flagrantes violaciones a leyes internacionales, como ha sido el bloqueo al puente de Fray Bentos, por parte de los activistas de Gualeguaychú en años recientes,  hubo voces que pidieron medidas diplomáticas más «duras» por parte de Uruguay. Incluso algunas de esas medidas podría llevar a pensar con euforia que una victoria diplomática puntual significara una guerra ganada. Sería un error estúpido.
Sin embargo el país, sin dejar de lado su dignidad, optó por el camino de la ley y el Derecho Internacional. Fue finalmente la Corte de la Haya, máximo organismo internacional en la materia, el encargado de poner las cosas en su lugar. En buen romance determinó que la planta de celulosa «no contamina» y que en adelante se deberían hacer controles conjuntos.
La única medida que pudo poner en práctica Uruguay en ese sentido fue oponer su veto a la designación del ex presidente Néstor Kirchner a la UNASUR, sin alharacas, sin estridencia, pero accionando un derecho establecido por todas las naciones que integran el MERCOSUR y que exige la unanimidad de votos para la designación de referencia.
La medida felizmente compartida por todo el poder político fue oportuna y adecuada.
Uruguay como una nación chica está «condenada» a extremar su política de diálogo y de convicción para convivir sobre todo con sus poderosos vecinos.
Sólo para ejemplificar, Uruguay podría tener energía mucho más barata, si Argentina autorizara el pasaje del gas boliviano – ofrecido a Uruguay en condiciones muy ventajosas – por el gasoducto que llega hasta Entre Ríos.
De la misma manera, si alguna vez se acordara el dragado del canal de Martin García, Uruguay podría volver a obtener recursos muy importantes por el pasaje de grandes barcos que hoy no pueden hacerlo y por lo tanto son derivados al canal Mitre, de soberanía argentina exclusiva.
Sucede lo mismo con la energía eléctrica paraguaya, ofrecida también a precios muy convenientes por el entonces presidente Lugo a nuestro país, pero que nunca se pudo concretar porque requiere ingresar por la red de trasmisión de energía argentina.
Son todos temas a resolver con Argentina y en los que no puede pensarse en otro camino que no sea el diálogo, mal que nos pese y el derecho internacional.
En toda empresa, pero en particular cuando ésta es nada menos que un país, quienes circunstancialmente tienen la responsabilidad de su conducción,  tienen a su vez la ineludible tarea de planificar y de pensar la empresa más allá del hoy.
En contrapartida, el riesgo que existe es el de tomar decisiones «en caliente», de responder con reacciones impulsivas a algunas acciones de provocación que incluso pueden estar minuciosamente planificadas, desde afuera o incluso desde adentro, para buscar estas reacciones cuyos efectos a la larga serían muy nocivos.
Nos explicamos, cuando se registran flagrantes violaciones a leyes internacionales, como ha sido el bloqueo al puente de Fray Bentos, por parte de los activistas de Gualeguaychú en años recientes,  hubo voces que pidieron medidas diplomáticas más «duras» por parte de Uruguay. Incluso algunas de esas medidas podría llevar a pensar con euforia que una victoria diplomática puntual significara una guerra ganada. Sería un error estúpido.
Sin embargo el país, sin dejar de lado su dignidad, optó por el camino de la ley y el Derecho Internacional. Fue finalmente la Corte de la Haya, máximo organismo internacional en la materia, el encargado de poner las cosas en su lugar. En buen romance determinó que la planta de celulosa «no contamina» y que en adelante se deberían hacer controles conjuntos.
La única medida que pudo poner en práctica Uruguay en ese sentido fue oponer su veto a la designación del ex presidente Néstor Kirchner a la UNASUR, sin alharacas, sin estridencia, pero accionando un derecho establecido por todas las naciones que integran el MERCOSUR y que exige la unanimidad de votos para la designación de referencia.
La medida felizmente compartida por todo el poder político fue oportuna y adecuada.
Uruguay como una nación chica está «condenada» a extremar su política de diálogo y de convicción para convivir sobre todo con sus poderosos vecinos.
Sólo para ejemplificar, Uruguay podría tener energía mucho más barata, si Argentina autorizara el pasaje del gas boliviano – ofrecido a Uruguay en condiciones muy ventajosas – por el gasoducto que llega hasta Entre Ríos.
De la misma manera, si alguna vez se acordara el dragado del canal de Martin García, Uruguay podría volver a obtener recursos muy importantes por el pasaje de grandes barcos que hoy no pueden hacerlo y por lo tanto son derivados al canal Mitre, de soberanía argentina exclusiva.
Sucede lo mismo con la energía eléctrica paraguaya, ofrecida también a precios muy convenientes por el entonces presidente Lugo a nuestro país, pero que nunca se pudo concretar porque requiere ingresar por la red de trasmisión de energía argentina.
Son todos temas a resolver con Argentina y en los que no puede pensarse en otro camino que no sea el diálogo, mal que nos pese y el derecho internacional.