La palabra escrita no pasará jamás

En Honor a Dámaso Antonio Larrañaga, quien el 26 de mayo de 1816, fundó la Biblioteca Pública por orden del Gral. José Gervasio Artigas y luego de ser aceptada por el Cabildo de Montevideo.
En nuestros días el gran desafío es saber si la palabra escrita en papel, diarios, revistas y por sobre todo el libro, habrá de permanecer, más allá de que la tecnología de hoy lleva a toda o casi toda la juventud a descartar el papel para leer en los medios electrónicos.
Y en esto vamos a intentar ser lo más objetivos posibles, aún a sabiendas de que no somos objetos, sino sujetos y por lo tanto con una carga importante de subjetividad.
Una cosa es leer una noticia breve o mirar una fotografía y otra muy diferente leer una crónica, una noticia en todo su contexto o lisa y llanamente estudiar un tema.
Sería interesante saber qué resultado arroja la lectura en uno y otro soporte. Más aún todavía ignoramos muchos aspectos de las consecuencias de las largas exposiciones a los medios electrónicos.
Pero más allá de esto y aún a riesgo de ser parciales, digamos que en lo personal no compartimos la afirmación de muchos técnicos que sostienen que los medios de papel habrán de desaparecer absorbidos por las nuevas tecnologías.
Hasta el momento lo que conocemos como redes sociales han demostrado ser una buena forma de compartir imágenes, de transmitir con la inmediatez que les es posible las informaciones breves y escuetas de un hecho, pero no de analizarla, de contextualizarla y sobre todo de aportar la misma en todos sus detalles.
Esta es la principal diferencia si nos referimos a los medios informativos, pero mucho más acentuados todavía podemos hallarlos en referencia al libro. Creemos no equivocarnos si afirmamos que no hay un sólo estudiante universitario que haya descartado de plano el estudio en los libros de papel.
Es que ni siquiera los textos de estudio, como en este caso, pierden sus propiedades, permiten leer, releer y compartir fielmente.
Vemos que esto no se pierde y más allá de que predominamos los de edad avanzada en la preferencia de esta forma de lectura, tenemos casi la certeza de que la palabra escrita en papel no habrá de perder vigencia jamás, por la sencilla razón que es mucho más que un libro, una revista o un diario, es un amigo siempre disponible para atender nuestras necesidades espirituales, es un diario confiable, es una revista dispuesta a aportar elementos de análisis.
Esa es la esencia y quien la cuide y conserva seguramente tendrá vigencia por siempre.