La paradoja de la frazada corta

Una paradoja conocida como “la frazada corta”, que deja al descubierto indistintamente la cabeza o los pies, es perfectamente aplicable en el concepto que defiende el Ministerio de Salud Pública – y conste que no estamos en contra de su política – en cuanto a la prohibición del consumo de alimentos con alto contenido de sal, azúcar o grasas en el ámbito escolar.
Hasta el momento el programa de “merienda saludable”, se limita a la prohibición de la publicidad de estos alimentos en el ámbito escolar y sus cercanías
Recién en estos momentos , según la respuesta dada por el MSP al legislador nacionalista Javier García, se prepara un nuevo paso que establecería la prohibición de la venta de estos alimentos en dicho ámbito.
La experiencia indica que la prohibición de publicidad no tenía efecto alguno, porque no incluía la venta de estos productos, que si bien se vio restringida en este ámbito, aumentó en otros, sencillamente porque los chicos llevaban la merienda desde sus casas. Es decir, lo que antes se compraba en la escuela, sencillamente porque era más cómoda y no había que preverla desde casa, sólo significó un cambio en este sentido.
Pero si realmente queremos profundizar en este sentido, tendríamos que analizar qué es lo que determina que hoy se recurra a los alimentos saturados de sal, o los tan mentados alfajores repletos de azúcar o varios más tan nocivos como éstos y que según la engañosa publicidad en los medios masivos, son los más ricos y los más “apropiados” para la merienda.
Existen muchos aspectos que desembocan en este cambio de conducta. La sustitución de la merienda casera o sencillamente el bizcocho o la fruta a la hora de la merienda, tiene atrás varios factores.
El primero y quizás determinante, es que hoy debe venir todo hecho, no hay tiempo para preparar nada, los mayores trabajan y disponen de poco tiempo para ocuparse de estos aspectos. Además este poco tiempo es para “desestresarse”, dedicándose a mirar la televisión o internarse en la computadora.
Muy pocos reparan en la nocividad del consumo permanente de ciertos alimentos. Nadie nota que comienzan a aparecer problemas como la obesidad, la hipertensión y demás a edades muy tempranas.
Se nos dice que cambiar estos hábitos supone muchos cambios en la sociedad, desde la elaboración y venta de estos alimentos, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo (¿por qué no sustituirla por la elaboración de alimentos sustitutivos?), hasta los trastornos que supone el tiempo de la familia dedicado a atender este aspecto.
Motivos atendibles, pero ninguno que justifique el deterioro de la salud de los niños.
Por eso aplaudimos la intención del MSP de llegar a la prohibición del consumo de estos alimentos en el ámbito escolar, aunque para que tenga efectivamente el efecto deseado, también los padres deberían evitar el consumo fuera de este ámbito.
De no ser así, estaríamos exactamente en la misma situación graficada en la paradoja de la frazada corta…







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