La peor pérdida

Muchas cosas hemos perdido en los últimos tiempos y no todas buenas, pero algunas de ellas sí.
Cuando alrededor de 10 años atrás irrumpió con fuerza la globalización y comenzamos a introducirnos en el “mundo virtual”, planteamos nuestra inquietud por lo que entendíamos que nos llevaba rápidamente a una confusión. Veíamos que sobre todo los más pequeños, niños y adolescentes, se introducían preferentemente en la computadora y los juegos electrónicos, antes que en los libros y el mundo real, sin tener claro cuál era una cosa y cuál la otra.
Lamentablemente no nos equivocamos, no sólo que hubo y hay mucha confusión, sino que de la mano de la informática, la globalización nos llevó directamente al mundo del materialismo, del consumismo y sobre todo del hedonismo, esto es la búsqueda del placer por sobre toda otra cosa, sin importar absolutamente nada los demás aspectos que pueden incidir.
Esta búsqueda, acertadamente definida con la máxima del “hacé la tuya”, se centra en la obtención del dinero, fama, sexo y todo lo que nos dé placer, así sea momentáneo o incluso a costo de destruir a otras personas.
Esto nos ha robado cosas tan importantes como el espíritu de sacrificio, la necesidad de mirar a mediano y largo plazo, la de entender que “todo tiene su tiempo” y las mejores plantas son las que se cultivan pacientemente hasta que florezcan, den frutos y maduren. Algo tan sencillo y simple, que sin embargo hoy en muchos aspectos se considera más una utopía que un objetivo válido.
Quizas allí esté la explicación de lo que nos ha pasado. Hoy la educación se alarma porque prácticamente dos de cada tres jóvenes optan por dejar sus estudios e introducirse en el mundo del trabajo. El propósito es claro, obtener dinero rápidamente para satisfacer sus placeres.
No importa lo que se sacrifique, esto es el futuro mismo, que pasa por el conocimiento, el estudio, el sacrificar confort y placeres efímeros para construir pacientemente un futuro sólido, basado en el conocimiento, en la preparación y fruto de un esfuerzo que al final tiene la debida recompensa.
Lástima, pero es lo que no se ha entendido a tiempo y muchos de los que hoy protestan y reclaman fuertemente, fueron los que apañaron y miraron para otro lado cuando nos llegaba la “santa” globalización.
Nada les importó y prefirieron hacer oídos sordos ante las advertencias de los males que nos podría acarrear esta incorporación a ciegas de la receta que se nos proponía.
Hoy lo estamos padeciendo, pero los que tiraron la piedra esconden las manos y se sienten “totalmente inocentes” de la cuestión…

Muchas cosas hemos perdido en los últimos tiempos y no todas buenas, pero algunas de ellas sí.

Cuando alrededor de 10 años atrás irrumpió con fuerza la globalización y comenzamos a introducirnos en el “mundo virtual”, planteamos nuestra inquietud por lo que entendíamos que nos llevaba rápidamente a una confusión. Veíamos que sobre todo los más pequeños, niños y adolescentes, se introducían preferentemente en la computadora y los juegos electrónicos, antes que en los libros y el mundo real, sin tener claro cuál era una cosa y cuál la otra.

Lamentablemente no nos equivocamos, no sólo que hubo y hay mucha confusión, sino que de la mano de la informática, la globalización nos llevó directamente al mundo del materialismo, del consumismo y sobre todo del hedonismo, esto es la búsqueda del placer por sobre toda otra cosa, sin importar absolutamente nada los demás aspectos que pueden incidir.

Esta búsqueda, acertadamente definida con la máxima del “hacé la tuya”, se centra en la obtención del dinero, fama, sexo y todo lo que nos dé placer, así sea momentáneo o incluso a costo de destruir a otras personas.

Esto nos ha robado cosas tan importantes como el espíritu de sacrificio, la necesidad de mirar a mediano y largo plazo, la de entender que “todo tiene su tiempo” y las mejores plantas son las que se cultivan pacientemente hasta que florezcan, den frutos y maduren. Algo tan sencillo y simple, que sin embargo hoy en muchos aspectos se considera más una utopía que un objetivo válido.

Quizas allí esté la explicación de lo que nos ha pasado. Hoy la educación se alarma porque prácticamente dos de cada tres jóvenes optan por dejar sus estudios e introducirse en el mundo del trabajo. El propósito es claro, obtener dinero rápidamente para satisfacer sus placeres.

No importa lo que se sacrifique, esto es el futuro mismo, que pasa por el conocimiento, el estudio, el sacrificar confort y placeres efímeros para construir pacientemente un futuro sólido, basado en el conocimiento, en la preparación y fruto de un esfuerzo que al final tiene la debida recompensa.

Lástima, pero es lo que no se ha entendido a tiempo y muchos de los que hoy protestan y reclaman fuertemente, fueron los que apañaron y miraron para otro lado cuando nos llegaba la “santa” globalización.

Nada les importó y prefirieron hacer oídos sordos ante las advertencias de los males que nos podría acarrear esta incorporación a ciegas de la receta que se nos proponía.

Hoy lo estamos padeciendo, pero los que tiraron la piedra esconden las manos y se sienten “totalmente inocentes” de la cuestión…