La piedra a remover

De acuerdo a recientes manifestaciones de Julio Calzada, secretario de la Junta de Drogas, en su concurrencia a una comisión legislativa, este mes será enviado al Parlamento el proyecto que buscará controlar el consumo problemático de alcohol.
Entre otras cosas el proyecto prevé la limitación de los lugares de venta de bebidas alcohólicas, la obligatoriedad de que los negocios cuenten con una patente para poder expender esas bebidas y la extensión del horario en el que está prohibida la venta.
El gobierno ha admitido su preocupación por el tema, al señalar que se producen anualmente alrededor de 15.000 accidentes laborales debido a trabajadores alcoholizados. Pero además se sabe que el consumo de alcohol está presente en todos los incidentes de violencia, en la violencia doméstica, en los accidentes de tránsito, en muchos de los accidentes laborales y, por supuesto, también en los actos delictivos.
Pero esta comprobación no es más que el resultado o la consecuencia que ostenta el consumo de alcohol a nivel social.
Tratándose de la droga más consumida, el alcoholismo no tiene una condena específica por parte de la sociedad. Bien sabemos que nada se lograría sancionándolo, pero una forma expresa de rechazo ayudaría a evitar que muchos chicos cayeran en el alcoholismo.
Bien sabemos que el problema no se limita al consumo de alcohol, sino que el gran problema es lo que estamos trasmitiendo a la juventud en general. Una juventud que en gran parte está ociosa, desmotivada, sin saber que hacer con su tiempo, es fácil presa de quien le inculca de diferentes maneras el «hacé la tuya».
Hacé la tuya que significa no repares en el costo que pueda tener, si para conseguir lo que «necesitas» o te han convencido que necesitas, debes apoyarte en la cabeza de tu madre para trepar, no te fijes en este «detalle», lo importante -según lo que te han inculcado – es tener  dinero, poder, fama y todo eso que «hace la felicidad», el éxito, según te afirman.
En este camino, caer en el alcohol o cualquier otra droga que nos anule la conciencia es fácilmente explicable.
Lejos queda el espíritu de sacrificio, el orden, la disciplina y la inversión de tiempo para alcanzar legítimamente los objetivos que verdaderamente nos darán  un lugar honesto y bien logrado en una comunidad sana y positiva.
Seguramente que aportarán poco las disposiciones que establecen sanciones mayores y más duras, como el aumento de las penas, la extensión de la prohibición de venta de alcohol a menores, disposiciones que ya existen y de poco sirven, aunque sean necesarias.
La piedra que verdaderamente es necesario remover y llevará tiempo hacerlo, es la que ha sembrado de ocio y malos hábitos  una gran parte de nuestra juventud y tiene muchos interesados en que no logremos removerla.
No nos equivoquemos.

De acuerdo a recientes manifestaciones de Julio Calzada, secretario de la Junta de Drogas, en su concurrencia a una comisión legislativa, este mes será enviado al Parlamento el proyecto que buscará controlar el consumo problemático de alcohol.

Entre otras cosas el proyecto prevé la limitación de los lugares de venta de bebidas alcohólicas, la obligatoriedad de que los negocios cuenten con una patente para poder expender esas bebidas y la extensión del horario en el que está prohibida la venta.

El gobierno ha admitido su preocupación por el tema, al señalar que se producen anualmente alrededor de 15.000 accidentes laborales debido a trabajadores alcoholizados. Pero además se sabe que el consumo de alcohol está presente en todos los incidentes de violencia, en la violencia doméstica, en los accidentes de tránsito, en muchos de los accidentes laborales y, por supuesto, también en los actos delictivos.

Pero esta comprobación no es más que el resultado o la consecuencia que ostenta el consumo de alcohol a nivel social.

Tratándose de la droga más consumida, el alcoholismo no tiene una condena específica por parte de la sociedad. Bien sabemos que nada se lograría sancionándolo, pero una forma expresa de rechazo ayudaría a evitar que muchos chicos cayeran en el alcoholismo.

Bien sabemos que el problema no se limita al consumo de alcohol, sino que el gran problema es lo que estamos trasmitiendo a la juventud en general. Una juventud que en gran parte está ociosa, desmotivada, sin saber que hacer con su tiempo, es fácil presa de quien le inculca de diferentes maneras el «hacé la tuya».

Hacé la tuya que significa no repares en el costo que pueda tener, si para conseguir lo que «necesitas» o te han convencido que necesitas, debes apoyarte en la cabeza de tu madre para trepar, no te fijes en este «detalle», lo importante -según lo que te han inculcado – es tener  dinero, poder, fama y todo eso que «hace la felicidad», el éxito, según te afirman.

En este camino, caer en el alcohol o cualquier otra droga que nos anule la conciencia es fácilmente explicable.

Lejos queda el espíritu de sacrificio, el orden, la disciplina y la inversión de tiempo para alcanzar legítimamente los objetivos que verdaderamente nos darán  un lugar honesto y bien logrado en una comunidad sana y positiva.

Seguramente que aportarán poco las disposiciones que establecen sanciones mayores y más duras, como el aumento de las penas, la extensión de la prohibición de venta de alcohol a menores, disposiciones que ya existen y de poco sirven, aunque sean necesarias.

La piedra que verdaderamente es necesario remover y llevará tiempo hacerlo, es la que ha sembrado de ocio y malos hábitos  una gran parte de nuestra juventud y tiene muchos interesados en que no logremos removerla.

No nos equivoquemos.