La presencia del HLB en la región

Cuando en la década del 70 se confirmaron los primeros casos de cancro cítrico en la vecina Entre Ríos, Argentina, el Dr. Ary Salibe, experto brasileño de la FAO, vaticinó en Salto que “en 10 años el Uruguay podría tener una de las citriculturas más valiosas en el plano internacional o bien vería prácticamente aniquilada su citricultura por esta plaga”.
Felizmente se equivocó, aunque sólo parcialmente, porque si bien al principio hubo un intento de combate frontal contra la cancrosis, erradicando plantas infectadas y circundantes a diestra y siniestra, de todas formas el cancro cítrico llegó, se implantó y desarrolló, causando serios perjuicios y cerrando para la citricultura uruguaya algunos de los mercados más selectos de la fruta.
El Dr. Salibe había sido muy claro y categórico. Estando la bacteria presente del otro lado del río, iba a ser imposible evitar su entrada, dado que no sólo los portainjertos, las herramientas de los trabajadores que a veces trabajan de uno y otro lado, sino que hasta los pájaros que en 5 minutos atraviesan el río de un lado a otro, también son transmisores de la plaga. Un panorama atemorizante, pero muy real, que efectivamente se cumplió a pesar de todo  lo que se hizo para evitarlo.
Hoy estamos ante una situación muy similar, pero con una enfermedad mucho más temible aún, como es  Huang Long Bing (HLB) que ha sido detectada del otro lado del río, con alta probabilidad de estar incluso en las chacras de Concordia.
También es causada por una bacteria (Candidatus liberobacter asiaticus) y el principal vector de transmisión son las plantas sin certificación de origen (se propaga mediante yemas, injertos, herramientas, etc.).
Sus efectos pueden llegar a ser devastadores, dado que se afirma que no sólo afecta la fruta, con la caída de la misma, sino que la que no se pierde se deforma, resultando no apta para ser exportada, sino que en dos o tres años llega a matar la planta.
Felizmente hoy hay otras armas para combatir estas plagas y mayores conocimientos, fundamentalmente produciendo plantas sanas y debidamente certificadas en viveros cubiertos que no están al alcance de los transmisores de la plaga.
Los controles para evitar el trasiego de productos vegetales y de herramientas y materiales procedentes de lugares donde existe la plaga resultan esenciales, pero sobre todo es necesario que todas las personas de la zona y esencialmente quienes están directamente involucrados con esta producción asuman el rol que les corresponde para evitar el ingreso de la enfermedad.
La citricultura es la producción con mayor incidencia social en el departamento, dado que se estima que ocupa más de 10 mil personas, la llegada del HLB a la región es una gran amenaza, pero es también una gran oportunidad para acceder a los mercados más exigentes con una fruta libre de la plaga.
¡Ojalá se pueda hacerlo!

Cuando en la década del 70 se confirmaron los primeros casos de cancro cítrico en la vecina Entre Ríos, Argentina, el Dr. Ary Salibe, experto brasileño de la FAO, vaticinó en Salto que “en 10 años el Uruguay podría tener una de las citriculturas más valiosas en el plano internacional o bien vería prácticamente aniquilada su citricultura por esta plaga”.

Felizmente se equivocó, aunque sólo parcialmente, porque si bien al principio hubo un intento de combate frontal contra la cancrosis, erradicando plantas infectadas y circundantes a diestra y siniestra, de todas formas el cancro cítrico llegó, se implantó y desarrolló, causando serios perjuicios y cerrando para la citricultura uruguaya algunos de los mercados más selectos de la fruta.

El Dr. Salibe había sido muy claro y categórico. Estando la bacteria presente del otro lado del río, iba a ser imposible evitar su entrada, dado que no sólo los portainjertos, las herramientas de los trabajadores que a veces trabajan de uno y otro lado, sino que hasta los pájaros que en 5 minutos atraviesan el río de un lado a otro, también son transmisores de la plaga. Un panorama atemorizante, pero muy real, que efectivamente se cumplió a pesar de todo  lo que se hizo para evitarlo.

Hoy estamos ante una situación muy similar, pero con una enfermedad mucho más temible aún, como es  Huang Long Bing (HLB) que ha sido detectada del otro lado del río, con alta probabilidad de estar incluso en las chacras de Concordia.

También es causada por una bacteria (Candidatus liberobacter asiaticus) y el principal vector de transmisión son las plantas sin certificación de origen (se propaga mediante yemas, injertos, herramientas, etc.).

Sus efectos pueden llegar a ser devastadores, dado que se afirma que no sólo afecta la fruta, con la caída de la misma, sino que la que no se pierde se deforma, resultando no apta para ser exportada, sino que en dos o tres años llega a matar la planta.

Felizmente hoy hay otras armas para combatir estas plagas y mayores conocimientos, fundamentalmente produciendo plantas sanas y debidamente certificadas en viveros cubiertos que no están al alcance de los transmisores de la plaga.

Los controles para evitar el trasiego de productos vegetales y de herramientas y materiales procedentes de lugares donde existe la plaga resultan esenciales, pero sobre todo es necesario que todas las personas de la zona y esencialmente quienes están directamente involucrados con esta producción asuman el rol que les corresponde para evitar el ingreso de la enfermedad.

La citricultura es la producción con mayor incidencia social en el departamento, dado que se estima que ocupa más de 10 mil personas, la llegada del HLB a la región es una gran amenaza, pero es también una gran oportunidad para acceder a los mercados más exigentes con una fruta libre de la plaga.

¡Ojalá se pueda hacerlo!







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