La producción de energía es elemento sustancial

En las últimas horas ha trascendido el beneplácito de UTE por haber alcanzado  un año completo de autoabastecimiento energético. Vale decir que en los últimos 12 meses no hubo necesidad de importar energía eléctrica, ni de Argentina ni de Brasil.
Es más, se afirmó que incluso en  los últimos meses del año 2013 Uruguay acudió en socorro de Argentina que presentó dificultades en el tema energético.
Teniendo en cuenta que estamos en uno de los veranos mas calurosos de las últimas décadas -el quinto más caluroso desde que se tiene idea – y la venta de todos los aparatos utilizados para combatir las altas temperaturas, especialmente los acondicionadores de aire, el dato es relevante. Vale decir que a pesar de lo que se estima ha sido un alto incremento del consumo doméstico, éste se pudo satisfacer adecuadamente y además se pudo vender un excedente.
La energía es fundamental para cualquier país y especialmente para aquellos en desarrollo como Uruguay.
Pero no sólo se trata de producir más, sino de qué tipo de energía se produzca. En este sentido la experiencia de Uruguay también ha sido destacada en el plano internacional, porque se ha preocupado de incorporar energía limpia, renovable, como es la que se produce a partir de la fuerza del viento (energía eólica) y la que se genera a partir de desechos de elementos vegetales.
Este es uno de los logros más importantes del país en los últimos años, dado que el crecimiento en la generación  no sólo ha permitido atender las necesidades del país, sino que abre un panorama auspicioso para el futuro con posibilidades reales de crecimiento.
Hasta aquí todo destacable. Nadie puede estar en desacuerdo con lo que se ha hecho, pero  este crecimiento no debería servir para “dormirnos en los laureles”, sino para trabajar desde una posición de mayor tranquilidad, previendo las dificultades que pudieran presentarse en el futuro.
Teniendo en cuenta la amarga experiencia por la que ha pasado  Argentina, en buena  medida debido a que las líneas de trasmisión no serían las adecuadas para soportar una alta demanda como la registrada en el último verano.
Si a esto le sumamos el panorama aparentemente auspicioso de la posibilidad de que el país tenga petróleo, entonces podríamos comenzar a pensar en revisar los costos y en crear mejores condiciones para un desarrollo armónico y positivo, cuyos frutos beneficiaran a todos los uruguayos.
¡Ojala llegue el momento de que estos sueños se vuelvan realidad!

En las últimas horas ha trascendido el beneplácito de UTE por haber alcanzado  un año completo de autoabastecimiento energético. Vale decir que en los últimos 12 meses no hubo necesidad de importar energía eléctrica, ni de Argentina ni de Brasil.

Es más, se afirmó que incluso en  los últimos meses del año 2013 Uruguay acudió en socorro de Argentina que presentó dificultades en el tema energético.

Teniendo en cuenta que estamos en uno de los veranos mas calurosos de las últimas décadas -el quinto más caluroso desde que se tiene idea – y la venta de todos los aparatos utilizados para combatir las altas temperaturas, especialmente los acondicionadores de aire, el dato es relevante. Vale decir que a pesar de lo que se estima ha sido un alto incremento del consumo doméstico, éste se pudo satisfacer adecuadamente y además se pudo vender un excedente.

La energía es fundamental para cualquier país y especialmente para aquellos en desarrollo como Uruguay.

Pero no sólo se trata de producir más, sino de qué tipo de energía se produzca. En este sentido la experiencia de Uruguay también ha sido destacada en el plano internacional, porque se ha preocupado de incorporar energía limpia, renovable, como es la que se produce a partir de la fuerza del viento (energía eólica) y la que se genera a partir de desechos de elementos vegetales.

Este es uno de los logros más importantes del país en los últimos años, dado que el crecimiento en la generación  no sólo ha permitido atender las necesidades del país, sino que abre un panorama auspicioso para el futuro con posibilidades reales de crecimiento.

Hasta aquí todo destacable. Nadie puede estar en desacuerdo con lo que se ha hecho, pero  este crecimiento no debería servir para “dormirnos en los laureles”, sino para trabajar desde una posición de mayor tranquilidad, previendo las dificultades que pudieran presentarse en el futuro.

Teniendo en cuenta la amarga experiencia por la que ha pasado  Argentina, en buena  medida debido a que las líneas de trasmisión no serían las adecuadas para soportar una alta demanda como la registrada en el último verano.

Si a esto le sumamos el panorama aparentemente auspicioso de la posibilidad de que el país tenga petróleo, entonces podríamos comenzar a pensar en revisar los costos y en crear mejores condiciones para un desarrollo armónico y positivo, cuyos frutos beneficiaran a todos los uruguayos.

¡Ojala llegue el momento de que estos sueños se vuelvan realidad!