La protección debida a quien tiene por misión protegernos

El vil asesinato de otro policía en Montevideo ha reactualizado una de las polémicas más duras de nuestros días. Quienes reaccionan impulsivamente “piden que se cobre al grito” y las medidas que piden son desde la pena de muerte hasta la cadena perpetua.
Se afirma a su vez que la Policía está totalmente desprotegida y quienes tienen ventajas en la situación actual son los delincuentes.
Así enunciadas estas medidas parecen exageradas, pero encierran algunas verdades que justificarían penas más duras, pero al mismo tiempo parten de un análisis equivocado, intempestivo, impulsivo y por lo menos parcial.
Conste que hemos planteado en estas columnas nuestra convicción de que lo peor que podríamos hacer es quedarnos indiferentes ante estos hechos.
Es así que tratándose de un tema cuya complejidad nadie niega, es necesario verlo en toda su profundidad.
En primer lugar, creemos que algunas de las medidas que se han tomado por parte del Ministerio del Interior van en una dirección acertada. Se han mejorado los sueldos, aunque siguen sin ser suficientes, se trata de reducir sus jornadas laborales para que el cansancio de extensos horarios no le jueguen en contra a su concentración, aunque muchos policías siguen teniendo otra función además de la policial.
Esto es cierto y tal como lo plantean los policías sindicalizados, las medidas van en buena dirección, pero el Ministerio del Interior debe reconocer que no han dado los frutos que se pretendió alcanzar con ellas.
Para nosotros un aspecto importante, que generalmente no se tiene en cuenta es la formación profesional. Se han tomado medidas en la Escuela de Policía para mejorar la formación, pero no todas las que se requieren para darle la debida formación a quienes deben arriesgar su vida al enfrentar el delito.
Es innegable que el ingreso a la Policía ha sido tradicionalmente en nuestro país tomado como uno de los caminos más fáciles y de esta manera ha ingresado personal que no siempre tiene perfil para policías, si bien satisfacen el nivel de estudios y la preparación que se exige. Quizás ha sido un factor que no se tuvo en cuenta y seguramente está influyendo porque para ser policía seguramente que se requiere más que eso.
El tema de la vivienda – se afirma que hay 800 policías viviendo en asentamientos y prácticamente conviviendo con los delincuentes. La incertidumbre de lo que puede hacer y lo que no puede van en detrimento de una labor profesional. El policía tiene reglas para cumplir y muchas veces duda. El delincuente no conoce más regla que la de escapar a cualquier costo, porque si no es detenido en el lugar del hecho difícilmente se le puede probar el delito.
Así estamos, así vamos y la complejidad del tema no exime de la responsabilidad de tomar medidas urgentes.
El Ministerio del Interior y el Parlamento tienen la palabra…
A.R.D.







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