La realidad de la droga en toda su crudeza

Esta carta – publicada en el  boletín de la Comunidad Eclesial de Base del barrio La Tablada – fue escrita por un joven de 19 años de edad.
El muchacho falleció pocos días después de redactarla, víctima de su drogadicción, sostiene la mencionada publicación.
“Lo siento mucho papá, pero creo que esta es la última vez que me podré dirigir a vos. En serio lo siento mucho. Es tiempo de que sepas la verdad.
Voy a ser breve y claro: La droga me mató papá.
Conocí a mis asesinos a eso de los 15 o 16 años de edad. Es horrible ¿no es cierto papá?, ¿sabés cómo fue? Un ciudadano elegantemente vestido, muy elegante realmente,  y que se expresaba muy bien, nos presentó a nuestro futuro asesino: La droga. Yo intenté rechazarla. De veras lo intenté, pero este señor se metió en mi dignidad diciéndome que yo era hombre. No es necesario que diga nada más ¿no es cierto?, ingresé al mundo de las drogas.
No hacía nada si n que las drogas estuvieran presentes. Yo sentía que las demás personas, y la droga, mi amiga, sonreía y sonreía. ¿Sabés papá?, c uando uno comienza, encuentra todo ridículo y muy divertido. Incluso Dios se encuentra ridículo.  Hoy, en este hospital, reconozco que Dios es lo más importante del mundo, se que sin su ayuda no estaría escribiendo lo que escribo.
Papá no vas a creerlo, pero la vida de un usuario de drogas es terrible. Uno se siente desgarrado por dentro, es terrible y todos los jóvenes deben saberlo para no entrar en eso.
Yo no puedo dar tres pasos sin cansarme. Los médicos dicen que me voy a curar, pero cuando salen del cuarto mueven la cabeza.
Papá solo tengo un último pedido para hacerte: hablá a todos los jóvenes que conocés y mostrales esta carta. Deciles que en cada puerta de los colegios y en cada aula, en cada facultad, en cualquier lugar, hay siempre un hombre elegante, que va  mostrarles a su futuro asesino, el que destruirá sus vidas.
Por favor, hacé esto papá, antes de que sea demasiado tarde para ellos también.
Perdóname papá, ya sufrí demasiado.
Perdóname por hacerte sufrir también mis locuras.
Adiós querido papá.
Tras la lectura de esta carta, que nos acercó una buena amiga, hay poco para  reflexionar y mucho para hacer, como lo está haciendo esta gente de La Tablada que trata de enfrentar la dura realidad que los golpea.
Quizás esta carta debiera copiarse y pegarse por miles en toda nuestra comunidad, porque la dureza de la realidad que plantea no nos es ajena.
Alberto Rodríguez Díaz

Esta carta – publicada en el  boletín de la Comunidad Eclesial de Base del barrio La Tablada – fue escrita por un joven de 19 años de edad.

El muchacho falleció pocos días después de redactarla, víctima de su drogadicción, sostiene la mencionada publicación.

“Lo siento mucho papá, pero creo que esta es la última vez que me podré dirigir a vos. En serio lo siento mucho. Es tiempo de que sepas la verdad.

Voy a ser breve y claro: La droga me mató papá.

Conocí a mis asesinos a eso de los 15 o 16 años de edad. Es horrible ¿no es cierto papá?, ¿sabés cómo fue? Un ciudadano elegantemente vestido, muy elegante realmente,  y que se expresaba muy bien, nos presentó a nuestro futuro asesino: La droga. Yo intenté rechazarla. De veras lo intenté, pero este señor se metió en mi dignidad diciéndome que yo era hombre. No es necesario que diga nada más ¿no es cierto?, ingresé al mundo de las drogas.

No hacía nada si n que las drogas estuvieran presentes. Yo sentía que las demás personas, y la droga, mi amiga, sonreía y sonreía. ¿Sabés papá?, c uando uno comienza, encuentra todo ridículo y muy divertido. Incluso Dios se encuentra ridículo.  Hoy, en este hospital, reconozco que Dios es lo más importante del mundo, se que sin su ayuda no estaría escribiendo lo que escribo.

Papá no vas a creerlo, pero la vida de un usuario de drogas es terrible. Uno se siente desgarrado por dentro, es terrible y todos los jóvenes deben saberlo para no entrar en eso.

Yo no puedo dar tres pasos sin cansarme. Los médicos dicen que me voy a curar, pero cuando salen del cuarto mueven la cabeza.

Papá solo tengo un último pedido para hacerte: hablá a todos los jóvenes que conocés y mostrales esta carta. Deciles que en cada puerta de los colegios y en cada aula, en cada facultad, en cualquier lugar, hay siempre un hombre elegante, que va  mostrarles a su futuro asesino, el que destruirá sus vidas.

Por favor, hacé esto papá, antes de que sea demasiado tarde para ellos también.

Perdóname papá, ya sufrí demasiado.

Perdóname por hacerte sufrir también mis locuras.

Adiós querido papá.

Tras la lectura de esta carta, que nos acercó una buena amiga, hay poco para  reflexionar y mucho para hacer, como lo está haciendo esta gente de La Tablada que trata de enfrentar la dura realidad que los golpea.

Quizás esta carta debiera copiarse y pegarse por miles en toda nuestra comunidad, porque la dureza de la realidad que plantea no nos es ajena.

Alberto Rodríguez Díaz