La realidad de las pruebas PISA de educación

En más de una oportunidad hemos sostenido en estas mismas columnas que tomar las denominadas pruebas “PISA”, como indicador del nivel del sistema educativo nacional es algo así como intentar tomar sopa con el tenedor.
Es que las pruebas PISA, de acuerdo a la explicación difundida por sus propios impulsores es una prueba evaluatoria que – a nuestro entender – evalúa la practicidad de los conocimientos que cada sistema educativo aporta.
Deducir de esto el nivel educativo, la calidad educativa de cada sistema es un gran error. Uruguay tiene uno de los sistemas educativos que ha sido destacado a nivel internacional y hoy cuando la realidad es muy diferente, cuando ya no existen “códigos”, sigue siendo un buen nivel.
Esto no significa que no se encuentre jaqueado por elementos que no están directamente vinculados a la educación, pero inciden directamente en ella.
Cuando queremos comparar nuestro nivel educativo, basándonos en elementos que no necesariamente son indicativos de esto, sino que pueden y en los hechos revelan otros aspectos nos estamos equivocando.
No con esto pretendemos restar importancia o despreciar la evaluación de referencia, sino que lo que en realidad pretendemos demostrar es que no son las pruebas PISA la herramienta más apropiada para determinar la calidad educativa de un sistema.
Lo que debemos entender y asumir es que hoy la educación sigue siendo un elemento trascendente para formar ciudadanía y tiene otros desafíos.
Nadie puede ignorar, aunque así lo manifieste, que la educación, como formadora de ciudadanía es la herramienta clave y de allí que tenga tanta importancia y ocupa un plano central en las aspiraciones de todos, absolutamente todos los partidos políticos.
Para entendernos, las pruebas PISA son importantes, siguen siendo importantes y no compartimos que alguien se oponga a su realización, la cuestión es saber usarlas, porque a partir de ellas se escuchan conclusiones absolutamente erróneas y rebuscadas.
La educación tiene hoy grandes desafíos, porque es uno de los elementos más preciados para cualquier sistema. Uruguay, sus docentes y los conductores de la educación en general tienen muy claro esto y el sistema educativo se halla perfectamente diagnosticado.
Ello no quiere decir que todo lo que se hace es acertado, como tampoco se puede tildar todo de errado. Cuando se afirman estos alcances, evidentemente se está tratando de sacar un rédito político de algo que debe ser a nuestro entender una política de Estado de absoluta prioridad.
A.R.D.







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