La realidad que nos choca

n nuestra ciudad debe haber no menos de cien personas que trabajan como “serenos” en  la calle, una labor de vigilancia, que la realidad de nuestros días ha convertido en casi imprescindible y determina que estas personas permanezcan a la intemperie y generalmente de pie, durante toda la noche en condiciones infrahumanas, en cuanto salvo excepciones, no disponen siquiera de un baño disponible para sus necesidades fisiológicas.
En estos días en que la temperatura ha llegado a ser hasta de cinco grados bajo cero, es este uno de los trabajos más duros.
La mayoría son personas mayores, de la tercera edad, y esta tarea seguramente que no es recomendable para ellas, ni siquiera con buenas condiciones del tiempo.
Esta situación nos permite observar, en primer lugar, que aún queda muchísimo por alcanzar un grado de bienestar aceptable para todos los uruguayos. A pesar de lo que se ha hecho en materia de planes de igualdad y equidad, son aún muchas las personas que necesitan hacer algún trabajo “extra”, generalmente en el contexto del trabajo informal, para completar sus ingresos, porque éstos no les alcanzan para acceder a condiciones de vida dignas y aceptables.
No tenemos la menor duda de que el país ha avanzado en el camino hacia una menor pobreza y una mayor equidad. Ya no vemos, por ejemplo, niños mal vestidos y pidiendo en las calles.
Por cierto que hay quienes cuestionan los planes de asistencia social y en especial lo que consideran que sigue siendo asistencialismo, esto es, darles asistencia mínima, para no ver el rostro de la pobreza y la indigencia, pero sin preocuparnos por solucionar las verdaderas causas de esta situación y a los solos efectos de ganar determinado “clientelismo” político.
Es más, alguna fuente política sigue considerando que el gobierno nacional hace mal en destinar tantos rubros a los planes sociales, entendiendo que las prioridades deberían ser otras.
Esta es precisamente la clave de la cuestión. El primer desafío es ocuparse de la situación de estas personas, el Estado debería de buscar la forma de exigir determinadas condiciones a sus empleadores, para que no tengan que desempeñarse en condiciones a veces infrahumanas.
El segundo paso debe apuntar a tratar de darles posibilidades de evitar tener que trabajar, por lo menos durante la noche, en una tarea que a todas luces sería innecesaria si la policía tuviera recursos y equipos suficientes y adecuados para vigilar la ciudad como corresponde.
Lo que no puede admitirse es que sigamos mirando para otro lado en el tema.
En nuestra ciudad debe haber no menos de cien personas que trabajan como “serenos” en  la calle, una labor de vigilancia, que la realidad de nuestros días ha convertido en casi imprescindible y determina que estas personas permanezcan a la intemperie y generalmente de pie, durante toda la noche en condiciones infrahumanas, en cuanto salvo excepciones, no disponen siquiera de un baño disponible para sus necesidades fisiológicas.
En estos días en que la temperatura ha llegado a ser hasta de cinco grados bajo cero, es este uno de los trabajos más duros.
La mayoría son personas mayores, de la tercera edad, y esta tarea seguramente que no es recomendable para ellas, ni siquiera con buenas condiciones del tiempo.
Esta situación nos permite observar, en primer lugar, que aún queda muchísimo por alcanzar un grado de bienestar aceptable para todos los uruguayos. A pesar de lo que se ha hecho en materia de planes de igualdad y equidad, son aún muchas las personas que necesitan hacer algún trabajo “extra”, generalmente en el contexto del trabajo informal, para completar sus ingresos, porque éstos no les alcanzan para acceder a condiciones de vida dignas y aceptables.
No tenemos la menor duda de que el país ha avanzado en el camino hacia una menor pobreza y una mayor equidad. Ya no vemos, por ejemplo, niños mal vestidos y pidiendo en las calles.
Por cierto que hay quienes cuestionan los planes de asistencia social y en especial lo que consideran que sigue siendo asistencialismo, esto es, darles asistencia mínima, para no ver el rostro de la pobreza y la indigencia, pero sin preocuparnos por solucionar las verdaderas causas de esta situación y a los solos efectos de ganar determinado “clientelismo” político.
Es más, alguna fuente política sigue considerando que el gobierno nacional hace mal en destinar tantos rubros a los planes sociales, entendiendo que las prioridades deberían ser otras.
Esta es precisamente la clave de la cuestión. El primer desafío es ocuparse de la situación de estas personas, el Estado debería de buscar la forma de exigir determinadas condiciones a sus empleadores, para que no tengan que desempeñarse en condiciones a veces infrahumanas.
El segundo paso debe apuntar a tratar de darles posibilidades de evitar tener que trabajar, por lo menos durante la noche, en una tarea que a todas luces sería innecesaria si la policía tuviera recursos y equipos suficientes y adecuados para vigilar la ciudad como corresponde.
Lo que no puede admitirse es que sigamos mirando para otro lado en el tema.

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