La recuperación de los valores de la familia

La protección y recuperación de los valores que atesoran la familia es uno de los desafíos más urgentes de nuestros tiempos.

Sucede que lo que cimentó nuestra comunidad hasta pocos años atrás, hoy está totalmente controvertido y se han perdido muchos de estos valores que otrora eran moneda corriente.

Hoy todo vale, menos la discusión y el análisis. No hay tiempo para detenerse en él. La honestidad, la transparencia el amor filial que fueron base de la familia décadas atrás, son “rara avis” en nuestros días.

La familia, célula base de la comunidad, donde se aprendían todos los valores personales y de comunidad se ha ido deteriorando a punto tal que hoy se considera “raro” que una pareja comience por planear un hogar y una vida familiar que los una de por vida.

Hoy se considera “normal”, que se tome la vida en pareja (poco se habla ya del matrimonio), como algo que no tiene mayor importancia. Lo estable y permanente queda totalmente relegado. “Estamos bien”, dicen a lo sumo los jóvenes, pero no se sabe hasta cuándo.

En las reuniones de padres de las escuelas, las cifras de niños, hijos de padres separados “asusta”, nos decía una madre recientemente. Lamentablemente los hijos de parejas estables,  los niños que tienen padre y madre biológicos a cuyo cargo se encuentran, son las excepciones en muchos casos, sobre todo en la Capital de la República.

Es que en nuestros días todo es efímero, todo es para hoy y poco o nada importa lo que pueda pasar mañana.

Si analizamos un poco más allá de sus fechorías a los menores infractores,  los que arrebatan, tiran piedras, molestan o cometen delitos, nos encontraremos que la mayoría de ellos proviene de hogares disgregados.

Se han criado en la calle y allí han aprendido a subsistir, “a pesar” de una sociedad que los ignora o los reprime con facilidad.

La comunidad no quiere comprometerse. Es más fácil que haya otro que lo haga (el INAU por ejemplo) y no nosotros.

La vida moderna ha determinado que los padres deban trabajar, ambos, en la mayoría de los casos y por lo tanto, cuando los niños no tienen familiares directos, como pueden ser abuelos o tíos, serán criados por terceras personas.

Si bien hay algunas de éstas que cumplen su labor a carta cabal, también las de las otras, que se desentienden de todo lo que sea la formación en valores y sólo se ocupan de “contener” al niño.

Inexorablemente la televisión pasa a ser imprescindible y luego la computadora. De allí que haya casos, aunque parezca un absurdo, de padres que deben “chatear” para comunicarse con sus hijos o mandarles SMS.

Así están las cosas y salvo que se asuman con la debida responsabilidad, será difícil cambiar el rumbo.