La repetición: un elemento absurdo y nocivo en el sistema educativo

No es la primera vez que en estas columnas planteamos el tema, pero uno de los aspectos que debe resolver el sistema educativo uruguayo, es la herramienta de la repetición.
Las estadísticas indican que los escolares que repiten un año en Educación Primaria, tienen el doble de posibilidades de volver a repetir el año siguiente, que un alumno que no repitió.
Pero además en Secundaria tiene también las mismas posibilidades de volver a repetir y nos atreveríamos a decir que alcanzan los dedos de una mano para contar a quienes han repetido en la escuela y luego logran terminar el ciclo de Secundaria.
El director de Educación del Ministerio de Educación y Cultura, Luis Garibaldi, fue muy gráfico, cuando en recientes declaraciones afirmó que «en Uruguay solo el 37, 5% de los jóvenes termina el liceo. Mientras, en los países desarrollados, donde la repetición es casi nula, la culminación supera el 90%».
Es que supuestamente cuando se determina que un niño debe repetir el año para mejorar su aprendizaje, el resultado es totalmente contraproducente y la repetición no sólo no soluciona el problema que se espera resuelva, sino que termina por frustrar totalmente a ese alumno.
Esta herramienta vetusta y absurda, no sólo ha demostrado ser ineficiente en cuanto al resultado arrojado, sino que además se la utiliza sin evaluar otros aspectos mucho más importantes para el educando, que el resultado en el aprendizaje en si.
Se parte de la convicción de que el volver a cero, en cuanto al aprendizaje anual en un estudiante mejora su nivel de conocimientos, aspecto absolutamente erróneo, si tenemos en cuanta los resultados.
Pero además se ignora, por ejemplo, que la repetición produce un profundo estigma en el estudiante. Nadie ignora que «un repetidor», debe enfrentar este estigma desde el inicio del año en que repite, es mayor que sus condiscípulos, tiene fama de que «no aprende», no es capaz y es indisciplinado y con toda esta «mochila» en su espalda, difícilmente pueda superar y mejorar su aprendizaje.
El propio educando se ve como un fracasado, con todo lo que esto supone, cuando el fracaso es del sistema que no es capaz de atender las diferencias sociales, socioeconómicas y demás con que llega el niño a la escuela para ayudarle a superar las limitaciones que pueda tener.
Hace ya bastante tiempo que hemos sostenido que en países que no tienen repetición los resultados educativos son mejores que en aquellos, como en el Uruguay  en que nos seguimos dando la cabeza contra el muro.
Es más la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Regional (OCDE), organismo internacional que integran 34 países, ha recomendado la eliminación del sistema de repetición, por vetusto e ineficiente. Es hora de que aquí se desmonte una estructura que está harto demostrado que no sirve.

No es la primera vez que en estas columnas planteamos el tema, pero uno de los aspectos que debe resolver el sistema educativo uruguayo, es la herramienta de la repetición.

Las estadísticas indican que los escolares que repiten un año en Educación Primaria, tienen el doble de posibilidades de volver a repetir el año siguiente, que un alumno que no repitió.

Pero además en Secundaria tiene también las mismas posibilidades de volver a repetir y nos atreveríamos a decir que alcanzan los dedos de una mano para contar a quienes han repetido en la escuela y luego logran terminar el ciclo de Secundaria.

El director de Educación del Ministerio de Educación y Cultura, Luis Garibaldi, fue muy gráfico, cuando en recientes declaraciones afirmó que «en Uruguay solo el 37, 5% de los jóvenes termina el liceo. Mientras, en los países desarrollados, donde la repetición es casi nula, la culminación supera el 90%».

Es que supuestamente cuando se determina que un niño debe repetir el año para mejorar su aprendizaje, el resultado es totalmente contraproducente y la repetición no sólo no soluciona el problema que se espera resuelva, sino que termina por frustrar totalmente a ese alumno.

Esta herramienta vetusta y absurda, no sólo ha demostrado ser ineficiente en cuanto al resultado arrojado, sino que además se la utiliza sin evaluar otros aspectos mucho más importantes para el educando, que el resultado en el aprendizaje en si.

Se parte de la convicción de que el volver a cero, en cuanto al aprendizaje anual en un estudiante mejora su nivel de conocimientos, aspecto absolutamente erróneo, si tenemos en cuanta los resultados.

Pero además se ignora, por ejemplo, que la repetición produce un profundo estigma en el estudiante. Nadie ignora que «un repetidor», debe enfrentar este estigma desde el inicio del año en que repite, es mayor que sus condiscípulos, tiene fama de que «no aprende», no es capaz y es indisciplinado y con toda esta «mochila» en su espalda, difícilmente pueda superar y mejorar su aprendizaje.

El propio educando se ve como un fracasado, con todo lo que esto supone, cuando el fracaso es del sistema que no es capaz de atender las diferencias sociales, socioeconómicas y demás con que llega el niño a la escuela para ayudarle a superar las limitaciones que pueda tener.

Hace ya bastante tiempo que hemos sostenido que en países que no tienen repetición los resultados educativos son mejores que en aquellos, como en el Uruguay  en que nos seguimos dando la cabeza contra el muro.

Es más la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Regional (OCDE), organismo internacional que integran 34 países, ha recomendado la eliminación del sistema de repetición, por vetusto e ineficiente. Es hora de que aquí se desmonte una estructura que está harto demostrado que no sirve.