La represión de por si sola no soluciona nada

Cuando escuchamos algunos argumentos de tiendas políticas que albergan la idea de endurecer las penas y reprimir con máxima dureza al delito, afirmando que es la forma de solucionar el tema de la inseguridad que nos preocupa.
Entendemos la posición, sobre todo cuando responde impulsivamente a hechos alevosos sufridos en carne propia. Pero es un grave error creer que la salida al problema la encontraremos endureciendo las penas o persiguiendo con mayor dureza a quienes los cometen.
En estas columnas reiteradamente hemos sostenido y seguimos haciéndolo que no hay soluciones “mágicas” o inmediatas y lo aconsejable ha sido y sigue siendo un enfoque multisectorial, que de tanta importancia a la prevención, a la represión, y a la condena de los hechos.
Pero en materia de prevención no se trata de tomar las medidas que entendemos nos van a poner a salvo de la delincuencia, sino que esencialmente se trata de entender que tenemos problemas sociales.
Desde los CAIF o los jardines de infantes, la educación debe apuntar a dar una respuesta adecuada, vale decir a preparar a las generaciones futuras para que tengan su lugar y se integre debidamente a la futura sociedad.
Quienes hacen hincapié en el endurecimiento de las penas como solución, no conocen la realidad del sistema carcelario, por ejemplo. Días atrás el fiscal de Corte, Dr. Jorge Díaz, informaba que hoy hay en el país más del doble de reclusos, personas privadas de libertad y esto lejos de disminuir el problema de la cantidad de delitos, entre ellos los más graves, rapiñas, homicidios, hurtos, agresiones y demás, aumentó notoriamente su número.
El tema es que en algún momento estas personas privadas de su libertad salen a la calle nuevamente y su pasaje por la cárcel no les aportó nada. Siguen sin tener un oficio, sin saber trabajar y a veces hasta sin saber leer o escribir. Sólo saber delinquir y por lo tanto pronto vuelven a las andadas porque no tienen otro camino.
Esto indica que gran parte del problema radica en la política carcelaria, donde el delincuente debería ser sometido a un tiempo en que demuestre que está capacitado para salir y ser un sujeto positivo para la sociedad.
No pensamos en alargar su reclusión, sino en aprovecharla mejor y mantener vigilados a quien evidencia que no le interesa cambiar de vida. Sabemos que son armas que pueden llegar a ser contraproducentes, pero para ello hay que ajustar las leyes y vigilar su estricto cumplimiento.
A.R.D.