La sabiduría esta en determinar que es lo más justo

Más allá de todos los pormenores que implica una situación compleja como es la de la producción nacional, es importante asumir hoy que realmente se está ante una coyuntura difícil, compleja de la que sin duda sólo se logrará superarla con una gran dosis de buena voluntad y sobre todo de sensibilidad para entender la situación.
Lejos de nosotros de rechazar los reclamos de los denominados “autoconvocados”, debemos asumir que algunas de las medidas que se reclaman no son favorables para todos.
El precio del dólar por supuesto, si el gobierno no interviniera estaría aún mucho más bajo, según opinan economistas. Esto perjudicaría mucho más a los exportadores, pero al contrario beneficiaría a quienes están pagando insumos o inmuebles o rentas en dólares.
No se puede negar en cambio, que Uruguay se ha transformado en un país sumamente caro, debido al costo de los servicios y a los impuestos que se cobran a la producción y a otros sectores del quehacer nacional.
Por el momento aparentemente las cosas se van encauzando, no han habido manifestaciones de violencia, a pesar de que algún desacatado siempre aparece y recurre al insulto soez o a la agresión verbal. Aspectos sumamente contraproducentes en ocasión de estas manifestaciones masivas.
Si bien todavía no se vislumbran soluciones viables para los principales problemas, el sólo hecho de que ambos sectores demuestren que están dispuestos a escuchar, a analizar todos los aspectos que hacen al tema, es un buen indicio.
Despojar la situación de todo interés político, parece ser lo más indicado. En los últimos días hemos visto salir a la palestra pública a algunos voceros políticos, tratando de arrimar agua para su molino. El gobierno nacional aspira a dividir por sectores a los manifestantes, en el entendido que no tienen todos la misma situación. En tanto fuentes de los manifestantes se aferran al concepto de que hay “un sólo Uruguay” y por lo tanto las medidas deben ser para todos.
En esto no debe haber otro interés que contribuir a encauzar una actividad benéfica para el país. Entender que no se puede matar la gallina de los huevos de oro, que es la producción, para el Estado, pero al mismo tiempo entender también que un Estado necesita aportes para funcionar satisfactoriamente es el mayor cuello de botella.
La cuestión está en saber determinar cual es la medida justa y necesaria que se requiere en estos casos.







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