La seguridad en la mira de todos

Que la seguridad es el tema más sensible para cualquier población no es novedad alguna. Es más, que es también el talón de Aquiles para cualquier gobierno, también.
Máxime en estos tiempos  en los que resulta muy difícil encontrar un solo país que ofrezca seguridad a sus ciudadanos y estos se sientan plenamente seguros y tranquilos.
Y en este tema confluyen muchos factores, porque ya no se trata sólo de encarcelar a quien o quienes delinquen, ni de “endurecer” las sanciones de los delitos con leyes  draconianas.
Si bien estos elementos son esenciales y tanto la prevención, como la represión del delito son aspectos que no deben descuidarse ni un instante, también hay que tener muy claro que  por sí solos jamás serán suficientes para solucionar el tema.
La cuestión es dar con las causas que están empujando a los jóvenes e incluso  los  menores de edad, muchas veces niños aún  a la senda delictiva.
Se puede simplificar el tema, creyendo que simplemente nacen delincuentes o haraganes o proclives a obtener dinero o bienes de cualquier forma.
Seguramente que este puede ser uno de los factores que empujen o precipiten determinadas situaciones, pero no lo suficiente como para explicar por qué hay cada vez más autores de delitos y éstos son cada vez más graves.
Es innegable que cada vez hay menos escrúpulos a la hora de lastimar o incluso matar a alguien para robarle o “cobrarle” alguna deuda.
Existen también motivos sociales, que dejan muchas veces a los niños de escasa edad a su suerte, sin familia, con padres separados a menudo sus familiares directos están en la cárcel. En suma, hogares deshechos, familias inexistentes y niños huérfanos o abandonados, que tienen muy pocas posibilidades de crecer y formarse debidamente.
Por estos días hemos oído un reclamo, “ojalá que los derechos de las víctimas sean lo primero a atender y no los pseudo derechos de los delincuentes, homicidas y demás”.
Esta frase escuchada al pasar pinta con certeza el concepto que tiene buena parte de la población en cuanto al tema  y no se puede restarle importancia, razón no le falta. El tema es que mal que nos pese quien delinque también tiene derechos, comenzando por un juicio justo.
Lo más difícil de esto es hallar la forma de enfocar acertadamente la cuestión, para disminuir el número de delincuentes y ganar ciudadanos honrados y en este camino hay muchas opiniones, pero  pocos voluntarios para involucrarse en él y allí radica el quid del asunto.

Que la seguridad es el tema más sensible para cualquier población no es novedad alguna. Es más, que es también el talón de Aquiles para cualquier gobierno, también.

Máxime en estos tiempos  en los que resulta muy difícil encontrar un solo país que ofrezca seguridad a sus ciudadanos y estos se sientan plenamente seguros y tranquilos.

Y en este tema confluyen muchos factores, porque ya no se trata sólo de encarcelar a quien o quienes delinquen, ni de “endurecer” las sanciones de los delitos con leyes  draconianas.

Si bien estos elementos son esenciales y tanto la prevención, como la represión del delito son aspectos que no deben descuidarse ni un instante, también hay que tener muy claro que  por sí solos jamás serán suficientes para solucionar el tema.

La cuestión es dar con las causas que están empujando a los jóvenes e incluso  los  menores de edad, muchas veces niños aún  a la senda delictiva.

Se puede simplificar el tema, creyendo que simplemente nacen delincuentes o haraganes o proclives a obtener dinero o bienes de cualquier forma.

Seguramente que este puede ser uno de los factores que empujen o precipiten determinadas situaciones, pero no lo suficiente como para explicar por qué hay cada vez más autores de delitos y éstos son cada vez más graves.

Es innegable que cada vez hay menos escrúpulos a la hora de lastimar o incluso matar a alguien para robarle o “cobrarle” alguna deuda.

Existen también motivos sociales, que dejan muchas veces a los niños de escasa edad a su suerte, sin familia, con padres separados a menudo sus familiares directos están en la cárcel. En suma, hogares deshechos, familias inexistentes y niños huérfanos o abandonados, que tienen muy pocas posibilidades de crecer y formarse debidamente.

Por estos días hemos oído un reclamo, “ojalá que los derechos de las víctimas sean lo primero a atender y no los pseudo derechos de los delincuentes, homicidas y demás”.

Esta frase escuchada al pasar pinta con certeza el concepto que tiene buena parte de la población en cuanto al tema  y no se puede restarle importancia, razón no le falta. El tema es que mal que nos pese quien delinque también tiene derechos, comenzando por un juicio justo.

Lo más difícil de esto es hallar la forma de enfocar acertadamente la cuestión, para disminuir el número de delincuentes y ganar ciudadanos honrados y en este camino hay muchas opiniones, pero  pocos voluntarios para involucrarse en él y allí radica el quid del asunto.