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La Seguridad Nacional debe ser política de Estado

No ignoramos que en años recientes, durante la dictadura militar fue en nombre de “la seguridad nacional” que se cometieron crímenes atroces y aberrantes torturas, porque el ciudadano no tenía garantía alguna para ejercer sus derechos ciudadanos, pero esto tiene que ver con las limitaciones a dicha política, que no debe transformarse en una “patente de corso” para obrar sin tener que rendir cuentas a nadie.
Que quede claro que no compartimos la invocación que esporádicamente hemos oído en estos casos de los nostálgicos de las dictaduras que añoran los gobiernos militares “porque cuando estaban los milicos esto no pasaba”, claro, esto es mirar lo que nos conviene ver y deseamos que sea vea y esconder lo que no queremos mostrar. No pasaba esto y es cierto y seguramente plausible, pero pasaban hechos tan lamentables o peores aún, con víctimas inocentes muchas veces, porque no había derecho alguno, no había garantía alguna al ciudadano frente al Estado y la brutal represión no sólo se enfocó hacia quienes combatían, sino que alcanzó a mucha gente inocente, víctimas muchas veces de envidias, recelos o denuncias infundadas que se usaban como pretexto.
Vamos a entendernos, hoy la seguridad en el país es un gran debe. Sobre todo en Montevideo se producen hechos que no pueden menos que ser condenados por todo ciudadano honesto, consciente y responsable.
Las rapiñas armadas están a la orden del día. Más de un trabajador ha pagado con su vida la violencia demencial de los atracadores, algo que antes resultaba impensable en el país, esto ha sido, es y será totalmente intolerable, pero no se arregla sacando un ministro o endureciendo las penas unicamente, aunque si entendemos que esto puede y debe ser complemento de una serie de medidas,
Es más, mucho nos tememos que no tenga solución en el plazo inmediato, porque sólo a mediano o largo plazo podrían verse frutos de una política de Estado que debe comenzar hoy y asumida por unanimidad.
Tiene que ver esencialmente con la educación, con la prevención enfocada en la formación del individuo desde la niñez. Por supuesto que estamos de acuerdo en aplicar penas más duras, incluso para quienes portan armas de fuego sin estar autorizados, pero ninguna medida de por si sola puede ser una solución.
Aquí la única salida es despolitizar el tema y asumir que o nos sumamos todos y cada uno de nosotros ocupa su lugar en esta lucha o sólo nos queda esperar que la delincuencia nos alcance, porque es lo que sucederá, tarde o temprano si dejamos que las cosas sigan tal como están, mientras nosotros seguimos debatiendo sobre el tema, procurando sacar provecho político.
Alberto Rodríguez Díaz