La triste realidad de nuestros días

Que la escuela sea la receptora de los problemas que se presentan en la sociedad no es nuevo. Esto mismo es lo que está sucediendo con los hechos de violencia que tienen por blanco a las maestras. Nueve casos similares, de agresiones violentas a maestras se van registrado en los últimos meses y recientemente una madre agresora fue procesada con prisión.
Es que en nuestros días todo parece resolverse con el golpe, la agresión física, la violencia que ha ganado el espacio que antes ocupaba el diálogo, la explicación, el razonamiento sensato.
Agredir a un docente, por mal que haya estado este, es algo que no entraba en el concepto de comunidad de nuestros días de escolares.
Si el pedido de explicación, la protesta e incluso el retiro de un alumno del que se solicitaba pasaje a otra escuela, pero jamás que sepamos se manejaba la posibilidad de una posible agresión.
Es más, como bien se maneja hoy, en nuestros días si llegábamos a casa con una sanción de la maestra por un acto de indisciplina u otra falta, impusta por algún profesor, encima “ligábamos” una sanción o reprimenda de nuestros progenitores.
Los docentes ocupaban plenamente el rol de nuestros padres mientras recibíamos educación en el colegio y a ellos sólo se les profesaba respeto y agradecimiento.
Hoy es todo lo contrario, se parte de la base que quien tiene razón es el menor y por lo tanto el “castigo” siempre apunta al docente.
Pero esto no es más que la consecuencia de una sociedad enferma de violencia, donde el grito precede al golpe y el razonamiento ha quedado de lado.
Hoy ya no se habla de respeto, de entendimiento, de un pedido de explicaciones y sobre todo de escuchar al otro para saber ante que situación estamos.
Se trata de imponer, de lograr nuestros intereses, por equivocados que estos sean y de “proteger”, (con un concepto totalmente errado sobre la mejor forma de protegerlos) a nuestros hijos.
Así estamos y si seguimos por este camino ¡pobre de nosotros!
No nos alegra ni mucho menos que un padre o una madre vaya a prisión por agredir a una maestra, todo lo contrario nos pone sumamente tristes, pero entendemos que es lo que corresponde, porque sencillamente la violencia debe ser castigada por las leyes impuestas por quienes pensaron en construir una sociedad justa, racional y respetuosa de los derechos de todos.