La única salida factible

Una sociedad enferma, irremediablemente enferma y afectada en sus valores espirituales es la única explicación que puede hallarse para la cadena de los denominados “femicidios” que se vienen registrando.

Curiosamente cuando los movimientos feministas, entendiendo por ellos a los que reivindican los derechos de la mujer, como persona con iguales derechos al hombre, desarrollan su más intensa lucha por la reivindicación de estos valores, el país se siente conmovido por los aberrantes hechos que se registran casi a diario.
Muchos de ellos tienen un mismo denominador. La disolución del vínculo de pareja y sobre todo el innegable machismo que ha denominado la sociedad hasta el momento.
Es probable que la situación que vivimos no tenga solución, no muestre un cambio radical en tanto no se registre un cambio cultural que sólo a través de la educación puede registrarse y obviamente no en el plano inmediato.
Sin pretender simplificar un tema tan delicado, entendemos que la enfermedad mayor de la sociedad es la pérdida de valor de la vida. Hoy las personas que cargan su propio cuerpo de bombas para hacerlas explotar, asesinando a la mayor cantidad posible de personas, muchas de ellas, sino todas inocentes, sabiendo que también ellos habrán de morir cuando lo hagan, no reparan en las consecuencias.
Es la misma actitud de quienes deciden poner fin a la vida de su expareja y luego a la propia, sin pensar en los hijos, a veces de su pareja, a veces incluso de ambos.
Sólo mediante una demencia circunstancial o un escepticismo total de la vida, se puede de alguna manera “explicar” estas actitudes, totalmente impensadas en épocas pasadas, salvo excepciones que sacudían la opinión pública.
Hoy necesitamos reencontrarnos como sociedad, saber que somos iguales, y que como dice nuestra ´constitución, sólo los conocimientos, la capacidad y los “saberes” deben marcar diferencias entre la gente, sin tratar de imponer nada, sino de conquistar, de convencer, mucho más allá del género de cada quien.
Saber que todos los integrantes de la sociedad somos iguales, mujeres, hombres, niños, ancianos, cada uno ha hecho, hace o hará su aporte a la comunidad que integramos y debemos asegurarnos que cada uno tenga las oportunidades que merece.
Respeto y educación son ingredientes imprescindibles para tratar de salir de esta situación en que hemos caído y que hace que cada día nos sumerjamos más en un oscuro panorama de dolor y pesar que tanto daño nos hace.

Ojalá lo entendamos a tiempo…







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