La verdad del tránsito: nada sucede por azar

Las afirmaciones del presidente de la Unidad Nacional de Seguridad Vial, en reciente participación en jornada realizada en la Universidad de la República, han sido muy claras y precisas.
Hubo 28 mil procesos judiciales al año en nuestro país, en el 2011. Esto significa que son cerca de diez acciones nuevas por día, todas por lesiones producidas en los denominados siniestros de tránsito.
Y  seguramente esta cifra es muy avara al momento de observar la realidad del problema en todo el país, porque estamos seguros que la enorme mayoría de los mal llamados accidentes no terminan en los juzgados, un poco porque hay decepción con el sistema jurídico en estos casos, engorroso, lento que insume mucha pérdida de tiempo y demás y otro porque muchas veces resulta más costoso tratar de cobrarle algo a quien le ha chocado, aunque nos asista toda la razón, que seguir trabajando y reparar a nuestro costo los daños, si no son demasiados.
Pero lo que nos importa hoy es destacar lo que precisamente afirma el presidente de la UNASEV, sin duda alguna con razón. Estamos seguros que en materia de tránsito nada sucede por azar y por lo tanto, a nada puede llamársele “accidente” si por este entendemos algo absolutamente imprevisible, que se lo vincula casi exclusivamente a la naturaleza, como  puede ser un terremoto, un maremoto, la caída de un rayo, y aclaremos que no es lo mismo la denominación que debamos darle al momento de denominarlo en una información. Una cosa es lo jurídico, otra la comunicación masiva. En este último sentido, entendemos que llamarlo “siniestro”, apuntando a lo más cercano a la verdad posible, no tiene la misma fuerza, el mismo valor, en el léxico masivo, aunque esto es harina de otro costal.
Por lo tanto nos quedamos con la esencia de lo que se ha sostenido y para nosotros con mucho acierto, no es por azar, que se registran estos hechos, sino por imprudencias, descuidos, distracciones, irresponsabilidad y similares. En fin, infracciones y faltas en mayor o menor medida.
Es más en estas columnas hemos sostenido que si realmente se respetaran las normas de tránsito, si se pusiera en vereda a los infractores y lográramos un tránsito  ordenado, seguramente las cifras que hoy nos preocupan disminuirían sensiblemente.
Transitar en Salto hoy requiere necesariamente conocer y respetar las reglas y disposiciones en la materia, pero también prever las irresponsabilidades cometidas por otras personas.
Los excesos de velocidad, las personas alcoholizadas, los que manejan hablando por celular, los que ignoran las normas más elementales, pululan en nuestras calles.
Si no avanzamos por el camino de la concientización, educando a los futuros conductores y sancionando a los infractores, al mismo tiempo, no veremos mejoras en este sentido.

Las afirmaciones del presidente de la Unidad Nacional de Seguridad Vial, en reciente participación en jornada realizada en la Universidad de la República, han sido muy claras y precisas.

Hubo 28 mil procesos judiciales al año en nuestro país, en el 2011. Esto significa que son cerca de diez acciones nuevas por día, todas por lesiones producidas en los denominados siniestros de tránsito.

Y  seguramente esta cifra es muy avara al momento de observar la realidad del problema en todo el país, porque estamos seguros que la enorme mayoría de los mal llamados accidentes no terminan en los juzgados, un poco porque hay decepción con el sistema jurídico en estos casos, engorroso, lento que insume mucha pérdida de tiempo y demás y otro porque muchas veces resulta más costoso tratar de cobrarle algo a quien le ha chocado, aunque nos asista toda la razón, que seguir trabajando y reparar a nuestro costo los daños, si no son demasiados.

Pero lo que nos importa hoy es destacar lo que precisamente afirma el presidente de la UNASEV, sin duda alguna con razón. Estamos seguros que en materia de tránsito nada sucede por azar y por lo tanto, a nada puede llamársele “accidente” si por este entendemos algo absolutamente imprevisible, que se lo vincula casi exclusivamente a la naturaleza, como  puede ser un terremoto, un maremoto, la caída de un rayo, y aclaremos que no es lo mismo la denominación que debamos darle al momento de denominarlo en una información. Una cosa es lo jurídico, otra la comunicación masiva. En este último sentido, entendemos que llamarlo “siniestro”, apuntando a lo más cercano a la verdad posible, no tiene la misma fuerza, el mismo valor, en el léxico masivo, aunque esto es harina de otro costal.

Por lo tanto nos quedamos con la esencia de lo que se ha sostenido y para nosotros con mucho acierto, no es por azar, que se registran estos hechos, sino por imprudencias, descuidos, distracciones, irresponsabilidad y similares. En fin, infracciones y faltas en mayor o menor medida.

Es más en estas columnas hemos sostenido que si realmente se respetaran las normas de tránsito, si se pusiera en vereda a los infractores y lográramos un tránsito  ordenado, seguramente las cifras que hoy nos preocupan disminuirían sensiblemente.

Transitar en Salto hoy requiere necesariamente conocer y respetar las reglas y disposiciones en la materia, pero también prever las irresponsabilidades cometidas por otras personas.

Los excesos de velocidad, las personas alcoholizadas, los que manejan hablando por celular, los que ignoran las normas más elementales, pululan en nuestras calles.

Si no avanzamos por el camino de la concientización, educando a los futuros conductores y sancionando a los infractores, al mismo tiempo, no veremos mejoras en este sentido.







Recepción de Avisos Clasificados