La violencia de nuestros días

Mucho tiempo atrás dijimos en estas columnas que la seguridad seguramente sería el talón de Aquiles del próximo gobierno del país, habida cuenta que era desde hace mucho tiempo identificado como el principal problema que enfrentaban los uruguayos y no nos equivocamos.

Quizás desde la Capital del país, donde viven permanentemente un millón y medio de uruguayos se vea diferente la situación, pero la verdad es que en el interior del país al menos, la situación es totalmente distinta y sólo una visión terca y soberbia podría ignorarla.
Antes acostumbrábamos a salir y dejar la puerta abierta, a sestear de la misma forma y hasta a dormir descuidadamente. Es que nos conocíamos todos y sabíamos incluso quién o quienes llegaban o se iban de la ciudad.
Hoy cuantas cosas han cambiado. La ciudad es diferente. Hay mucha más gente y muchos desconocidos. Hoy por ejemplo vemos como se mueven en forma enloquecida los “delivery”, que no son otra cosa que los “mandaderos” de las empresas dedicadas a proporcionar generalmente comida.
Estos mandaderos (nos resistimos a llamarlos “delivery”), aparentemente cobran un porcentaje de acuerdo a la cantidad de pedidos que distribuyen, los hay en moto, la gran mayoría, pero también los hay en bicicleta y cada cual anda más enloquecido, arriesgando su vida.
Es que el tiempo es cada vez más preciado y salir a la calle supone no sólo tiempo invertido, sino también riesgo de ser asaltado, rapiñado o robado. Antes el encuentro obligado de los vecinos se daba en la verdulería el almacén u otro comercio del barrio, hoy ya nó.
Al comienzo de un nuevo gobierno, creemos que el tema de la seguridad es clave. Nadie que aspire a hacer un buen gobierno y por lo tanto a mantenerse en el poder puede descuidar este tema, ni puede equivocar el camino para controlar el mismo.
No tenemos duda alguna que ha sido uno de los principales factores tenidos en cuenta por parte de la población al votar.
Es probable que la enorme mayoría de las víctimas de la delincuencia haya elegido otra forma de encarar el tema, que de por sí es complicado. Entendemos por nuestra parte que asumir el riesgo que significa enfrentar a la delincuencia requiere de una armonía de esfuerzos. Requiere una política de Estado y lamentablemente vemos muy lejos a nuestro país de esto.
La forma más sencilla y pronta de usarse como respuesta adecuada a la violencia es la represión, dura y violenta, casi igual a los factores que la causan. Sin embargo esta represión -para nosotros imprescindible – no solucionará el problema de fondo.
Quien piense que la solución está por este camino, se equivoca. Ojalá los equivocados seamos nosotros.

A.R.D.