Las aguas vuelven a su cauce

La difusión del monitoreo ambiental del río Uruguay en forma conjunta por los gobiernos de Argentina y Uruguay, es una demostración de madurez y ojalá esto indique que más allá de las declaraciones, de las afirmaciones y contraafirmaciones, hoy existe un verdadero interés en salvaguardar la salud del río Uruguay.
Lo que hay que saber en este sentido es que la parte del río Uruguay que comparten Uruguay y Argentina, no es más de la tercera parte del total del cauce del río. En total el río Uruguay tiene casi 1.600 kilómetros y la parte que comparten los países del Plata no llega a los 600 kilómetros. Si bien es la parte de la desembocadura en el Río de la Plata, más aún, es aquí adonde llegan todos los residuos que son volcados al curso de agua y sus afluentes, no es esta la parte esencial en materia de preservación ambiental, porque sencillamente está recibiendo lo que “cosechó” en su extenso transcurrir.
Cuando Uruguay Argentina “discuten” por la contaminación que se podría estar generando en este tramo, olvidan qué es lo que pasa en el resto del río, vale decir, en sus otras dos terceras partes, desde sus nacientes en territorio brasileño, hasta el tramo compartido por Argentina y Brasil en el Uruguay medio donde seguramente hay muchos motivos de preocupación.
En estas dos terceras partes, como también en el tramo que comparten Argentina y Uruguay, hay numerosas poblaciones, muchas de las cuales hasta hoy vierten sus efluentes cloacales “en crudo” a las aguas del río Uruguay.
No sólo esto, sino que también van a parar al río los residuos químicos de plantaciones agrícolas y agropecuarias, que son arrastrados por las lluvias a ríos y arroyos afluentes del Uruguay.
Los detergentes, hoy presentes en casi todas las cocinas de las poblaciones y demás ambientes que se higienizan constituyen una de las principales causas de contaminación de los cursos de agua y el Uruguay sigue recibiendo un enorme volumen de ellos a lo largo de todo su cauce.
Preservar la salud del río Uruguay debe ser un objetivo prioritario de los países que compartimos su uso para diversos fines, entre ellos el agua potable para las poblaciones ribereñas, el riego, la navegación y hasta la producción de energía en el caso de Salto Grande.
Tras varios años de controversia, donde nunca tuvimos la certeza de que el verdadero interés de las partes contendientes en la polémica que llegó a la Corte de La Haya fuera la salud del río, hoy vemos que las aguas parecen volver a su cauce y se prioriza lo que debió ser el objetivo esencial siempre: la salud del río.