Las alertas son para atenderlas


En  el mes de Enero del año 2010, Uruguay vivía fuertes inundaciones que ocasionaron cientos de evacuaciones y graves pérdidas al país.

Un año después el país enfrenta una severa sequía cuyos perjuicios aún son incalculables pero nadie duda que dañará fuertemente a la economía nacional, sobre todo la que proviene del campo.

Meteorólogos y técnicos en la predicción de estos fenómenos climáticos no descartan que en los meses siguientes a la sequía nos lleguen nuevas inundaciones.

Si miramos lo que está sucediendo en la región, donde se han registrado las peores lluvias  y riadas que se recuerden en las colinas de San Pablo, en Brasil, con más de 700 muertos, tendremos la certeza de lo que está sucediendo.

Indica que el cambio climático ha llegado para quedarse, no sólo en la región, sino específicamente en el Uruguay.

Lamentablemente este cambio sólo está aparejando daños, debido a que las variantes de clima son tan violentas que no permiten aprovechar los recursos naturales con tranquilidad.

O faltan las lluvias o son excesivas. Casi no hay términos medios. El calor a temperaturas “normales” del verano salteño se situaba entre los 35 y 38 grados. Hoy las temperaturas en el centro de la ciudad al menos exceden con holgura los 40 grados.

Hay poco invierno y quizás menos heladas, aunque esto no influye mayormente en cuando a las posibilidades de producción.

Pero cual es el punto de esta nota de opinión. Es que tenemos la convicción de que los uruguayos aún no asumimos que el cambio llegó, que las condiciones climáticas del país hoy no son las mismas que  las de años atrás.

Es más, en lo que va del año, según se indica desde la Comisión Nacional de Emergencias, se llevan ya seis turbonadas, con sus secuelas de daños.

Aún así, la enorme mayoría de la población sigue sin prestar mayor atención a los pronósticos meteorológicos y aquello de que “nunca aciertan”, sigue influyendo.

Sin embargo hoy ya no es así. Los avances científicos y la tecnología permiten ser mucho más certeros en las predicciones, pero la falta de credibilidad hace que los pronósticos y alertas meteorológicos, no se tengan en cuenta y por lo tanto los daños que pudieran haber evitado si se hubieran atendido, son los mismos que habría sin alerta.

A esto vamos. Es hora de que la población realmente asuma que un alerta meteorológico es para atender y tomar las precauciones que corresponden. Muchos daños por lo menos a nivel humano se pueden prevenir si asumimos los consejos que incluyen estas alertas meteorológicas.

Que no se repitan aquí aquellas imágenes que han quedado gravadas en nuestra retinas en ocasión del tsunami en Indonesia, cuando padres con sus hijos a cuestas ante la noticia de que llegaban grandes olas se arrimaron al  puerto para ver el “espectáculo”. Nunca imaginaron que éste barrería con todo, incluso con ellos…