Las carreras terciarias para Salto

Cualquier comunidad que se precie, aspira a tener más y mejores centros educativos. Más y mejores carreras universitarias que permitan a sus jóvenes y los jóvenes de las cercanías una mejor formación y una mejor preparación para la vida.

El aporte de estos jóvenes con una buena calificación, significa un importante aporte al nivel de la comunidad en general. Por lo tanto es lógico que Salto no sólo defienda celosamente las carreras ya instaladas, sino que aspire a tener nuevas carreras terciarias.

Claro está que en contrapartida, un país que se precie de tener un aceptable nivel organizativo, no puede acceder a todos los planteamientos, porque cada comunidad, de determinado porte y situación tendría el mismo derecho de aspirar a ello.

Se requiere por tanto, algunas condiciones y aquí está el meollo del asunto, que no pueden ni deben ser tomadas arbitrariamente, sino respondiendo al supremo interés del país, no de ninguna comarca.

Como salteños aspiramos a tener un nivel de ciudad universitaria, al cual Salto puede llegar a acceder perfectamente. Ahora bien, nadie puede imponer antojadizamente esta aspiración, sino que es necesario que se llegue a ganar el derecho a contar con este nivel, mediante condiciones adecuadas y la exposición de argumentos sólidos e irrefutables para aspirar legítimamente a ello.

Mal que nos pese a los salteños si no se trabaja debidamente y se participa en el compromiso para tratar de acceder a estas condiciones, será muy difícil conseguir lo que se pretende.

La posibilidad de instalar toda la carrera de Medicina en Salto, como era y es aspiración de la comunidad salteña, ha quedado un tanto “en el refrigerador”. No se concretó en el 2010, como en algún momento se manejó, pero tampoco se concreta en el 2011, como se anunció posteriormente, incluso con la puesta en vigencia de un nuevo plan.

Es más, a esta altura resulta muy difícil que incluso pueda ser iniciada el año próximo.

Sobre el particular, es de señalar que compartimos la aspiración de la comunidad salteña, que creemos que tiene legítimas credenciales para reclamar esta instalación.

Ahora bien, nadie puede discutir la necesidad de la Universidad, por su parte de planificar debidamente la instalación de las nuevas carreras, para que no se trate de simple “tanteos” o circunstanciales respuestas a determinados intereses, sino la respuesta a una necesidad manifiesta y a condiciones más que suficientes para instalar y mantener esta puesta en funcionamiento que tiene atrás la aspiración de los jóvenes que se embarcan en la propuesta.

También es difícil de rechazar el argumento de las autoridades de la Educación cuando explican que la supresión de las inscripciones de la carrera de docente en Filosofía este año obedece al deseo de rotar las carreras en los centros CERP del país.

Lo que debemos de asegurarnos, es que realmente los motivos para estos rechazos, sean los que se argumentan y no otros, porque de esta manera, tarde o temprano Salto logrará cristalizar sus aspiraciones antes que otros aspirantes, por la sencilla razón que tiene mayores y mejores condiciones para reclamarlas.