Las condiciones de reclusión en los hogares INAU

Un observador internacional acaba de evaluar las condiciones en que se encuentran los menores a cargo del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa), y las consideró similares a las (lamentables) que encontró en algunos países africanos, salvo por el tema del hambre, que se supone que no está presente aquí.
En tanto Rubén Villaverde, director del Sirpa en el Uruguay, declaró al diario El País que considera disparatado el comentario del observador de la Organización Mundial contra la Tortura, Eric Sottas.
El funcionario suizo sostuvo que en la Colonia Berro hay adolescentes que parecen “zombis” por causa de las pastillas que les dan para dormir. “En la Berro no hay zombis drogados”, contestó Villaverde.
El suizo recorrió la Colonia Berro el miércoles 1º y el jueves 2 de agosto, y tras esas visitas declaró a El País que, con excepción del hambre, “las condiciones de reclusión de algunos hogares son similares a las que observé en países africanos”. Y agregó que en el Hogar SER vio “chicos que parecían zombis de tomar tanta medicación para dormir”.
El director del Sirpa aclaró que las órdenes de medicación de los internos las establecen los médicos psiquiatras del área de Salud. “Nosotros no medicamos porque se nos ocurre. Desde la época del gerente (Rolando) Arbesún, esta institución trabajó mucho para evitar cualquier práctica que fuera considerada abusiva”, declaró el jerarca.
Más allá de que ambos cometen el error de generalizar (no es lo mismo que haya uno o dos menores circunstancialmente en este estado, de que estén todos así o permanentemente) entendemos que Uruguay tiene un problema acuciante en esta temática, pero que va mucho mas allá de las condiciones de reclusión en que se hallan los menores infractores.
Con esto no pretendemos minimizar el tema de las condiciones de reclusión de adolescentes y jóvenes autores de delitos, pero sí ubicarlo en lo que entendemos su justa medida.
La sociedad en su conjunto debería de ocuparse de esta compleja temática mucho más allá de las consecuencias puntuales, que son los menores que en estos momentos se hallan privados de libertad por haber cometido delitos graves.
Seguramente que hay errores y defectos en esta atención, y nada justifica que haya un solo joven mantenido en estas condiciones, así sea por indicación médica u otra medida.
Pero tampoco se debe perder de vista que deberíamos ver con claridad que estamos hablando de las consecuencias que arroja una sociedad que seguramente les está empujando a esta forma de vida.
Allí está el meollo de la cuestión. La posibilidad de recuperación es importante y darle esta posibilidad al joven es imprescindible, pero no gratuitamente, sino cuando con sus respuestas a las medidas correspondientes realmente demuestre su voluntad y convicción para hacerlo, pero el tema de fondo, a nuestro criterio, es evitar que sigamos por este camino.
El esfuerzo principal debe orientarse a cambiar las condiciones que están llevando a nuestros jóvenes, desde la infancia misma por estos caminos.
Lo demás es complementario.

Un observador internacional acaba de evaluar las condiciones en que se encuentran los menores a cargo del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa), y las consideró similares a las (lamentables) que encontró en algunos países africanos, salvo por el tema del hambre, que se supone que no está presente aquí.

En tanto Rubén Villaverde, director del Sirpa en el Uruguay, declaró al diario El País que considera disparatado el comentario del observador de la Organización Mundial contra la Tortura, Eric Sottas.

El funcionario suizo sostuvo que en la Colonia Berro hay adolescentes que parecen “zombis” por causa de las pastillas que les dan para dormir. “En la Berro no hay zombis drogados”, contestó Villaverde.

El suizo recorrió la Colonia Berro el miércoles 1º y el jueves 2 de agosto, y tras esas visitas declaró a El País que, con excepción del hambre, “las condiciones de reclusión de algunos hogares son similares a las que observé en países africanos”. Y agregó que en el Hogar SER vio “chicos que parecían zombis de tomar tanta medicación para dormir”.

El director del Sirpa aclaró que las órdenes de medicación de los internos las establecen los médicos psiquiatras del área de Salud. “Nosotros no medicamos porque se nos ocurre. Desde la época del gerente (Rolando) Arbesún, esta institución trabajó mucho para evitar cualquier práctica que fuera considerada abusiva”, declaró el jerarca.

Más allá de que ambos cometen el error de generalizar (no es lo mismo que haya uno o dos menores circunstancialmente en este estado, de que estén todos así o permanentemente) entendemos que Uruguay tiene un problema acuciante en esta temática, pero que va mucho mas allá de las condiciones de reclusión en que se hallan los menores infractores.

Con esto no pretendemos minimizar el tema de las condiciones de reclusión de adolescentes y jóvenes autores de delitos, pero sí ubicarlo en lo que entendemos su justa medida.

La sociedad en su conjunto debería de ocuparse de esta compleja temática mucho más allá de las consecuencias puntuales, que son los menores que en estos momentos se hallan privados de libertad por haber cometido delitos graves.

Seguramente que hay errores y defectos en esta atención, y nada justifica que haya un solo joven mantenido en estas condiciones, así sea por indicación médica u otra medida.

Pero tampoco se debe perder de vista que deberíamos ver con claridad que estamos hablando de las consecuencias que arroja una sociedad que seguramente les está empujando a esta forma de vida.

Allí está el meollo de la cuestión. La posibilidad de recuperación es importante y darle esta posibilidad al joven es imprescindible, pero no gratuitamente, sino cuando con sus respuestas a las medidas correspondientes realmente demuestre su voluntad y convicción para hacerlo, pero el tema de fondo, a nuestro criterio, es evitar que sigamos por este camino.

El esfuerzo principal debe orientarse a cambiar las condiciones que están llevando a nuestros jóvenes, desde la infancia misma por estos caminos.

Lo demás es complementario.