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Las condiciones de reclusión, sin tormentos, pero con severidad

En Buenos Aires se ha registrado una fuga de una cárcel que bien puede competir como la más insólita en el libro de los record. No fue necesario motín alguno, ni túnel, ni toma de rehenes, los dos presos se fueron en remise, así como lo lee.
Una mujer obviamente en coordinación con ellos, llamó un remise a una central, se dirigió a una distancia cercana a la cárcel y cuando recibió el llamado correspondiente hizo que el remisero se acercara hasta la puerta del establecimiento penitenciario. Allí aparecieron corriendo los dos reclusos, subieron al remise y se hicieron llevar a La Plata.
En Salto, donde dos peligrosos piratas del asfalto escaparon de la cárcel, también sin disparar un solo tiro y lo más probable es que se hayan ido por la puerta principal, disimulados entre la visita, uno se podría explicar que pase esto, debido a que los guardacárceles no están acostumbrados a tratar con reclusos de estas características y de esta gravedad. Pero en principio se podría pensar que en Buenos Aires, donde la delincuencia es habitualmente mucho más grave y peligrosa, podríamos pensar que también las medidas de seguridad fueran más rigurosas.
Sin embargo las fugas continúan, con o sin tejidos perimetrales de gran altura o alambre de púas. Con o sin guardias perimetrales, con o sin guardias militarizados, con o sin sistema de escaneo en el ingreso a los establecimientos carcelarios.
Todos sabemos que las fugas serían casi imposibles si no contaran con complicidades internas. Sucede en Salto y sucede en todas las cárceles del mundo, porque siempre habrá corrupción.
Muchas cosas hay que cambiar para cortar esta situación. Hoy, no se puede ignorar que la audacia de los delincuentes se registra también porque saben que si van presos lo único que cambiará para ellos es el lugar de alojamiento, porque siguen teniendo su celular, su comunicación con la gente de afuera y como ha quedado demostrado, en muchos casos también siguen haciendo sus “negocios” , estafas o venta de droga desde la propia cárcel.
Está bien tratar de mejorar las condiciones de reclusión, para que no sea un lugar de tormento, pero no al punto de que se transforme prácticamente en un hotel, que en los hechos se asemeja a un centro del delito.

En Buenos Aires se ha registrado una fuga de una cárcel que bien puede competir como la más insólita en el libro de los record. No fue necesario motín alguno, ni túnel, ni toma de rehenes, los dos presos se fueron en remise, así como lo lee.

Una mujer obviamente en coordinación con ellos, llamó un remise a una central, se dirigió a una distancia cercana a la cárcel y cuando recibió el llamado correspondiente hizo que el remisero se acercara hasta la puerta del establecimiento penitenciario. Allí aparecieron corriendo los dos reclusos, subieron al remise y se hicieron llevar a La Plata.

En Salto, donde dos peligrosos piratas del asfalto escaparon de la cárcel, también sin disparar un solo tiro y lo más probable es que se hayan ido por la puerta principal, disimulados entre la visita, uno se podría explicar que pase esto, debido a que los guardacárceles no están acostumbrados a tratar con reclusos de estas características y de esta gravedad. Pero en principio se podría pensar que en Buenos Aires, donde la delincuencia es habitualmente mucho más grave y peligrosa, podríamos pensar que también las medidas de seguridad fueran más rigurosas.

Sin embargo las fugas continúan, con o sin tejidos perimetrales de gran altura o alambre de púas. Con o sin guardias perimetrales, con o sin guardias militarizados, con o sin sistema de escaneo en el ingreso a los establecimientos carcelarios.

Todos sabemos que las fugas serían casi imposibles si no contaran con complicidades internas. Sucede en Salto y sucede en todas las cárceles del mundo, porque siempre habrá corrupción.

Muchas cosas hay que cambiar para cortar esta situación. Hoy, no se puede ignorar que la audacia de los delincuentes se registra también porque saben que si van presos lo único que cambiará para ellos es el lugar de alojamiento, porque siguen teniendo su celular, su comunicación con la gente de afuera y como ha quedado demostrado, en muchos casos también siguen haciendo sus “negocios” , estafas o venta de droga desde la propia cárcel.

Está bien tratar de mejorar las condiciones de reclusión, para que no sea un lugar de tormento, pero no al punto de que se transforme prácticamente en un hotel, que en los hechos se asemeja a un centro del delito.