Las cosas en su lugar

Muy sueltos de cuerpo hemos escuchado a algunos “periodistas” sostener sin analizar que los periodistas que cubrieron la conferencia de prensa de Gavazzo y Cía en Paso de los Toros, cuando se halló el cuerpo de Roberto Gomensoro no investigaron y simplemente repitieron las mentiras de Gavazzo que los usó para mentirle al pueblo uruguayo y seguramente se burló de ellos.
Dijo que Gomensoro había desaparecido y el cuerpo que apareció flotando en aguas del Río Negro, rodeado de alambre y con varias piedras atadas al cuerpo “era de un hombre de 60 años, cuando el mismo lo había torturado, asesinado y luego arrojado al río.
Sostener esta irresponsabilidad, sin revelar el contexto que se vivía en aquellos días es también fomentar una idea equivocada de la cuestión. Debe decirse claramente ¿qué posibilidades había de investigar estos hechos?. ¿Qué les pasaba a quienes hurgaban en estas cuestiones? Se olvidan que se trataba con asesinos desalmados, criminales que osaban en torturar, matar y hacer “desaparecer” a la gente.
Es fácil decir por parte de quienes no vivieron estos años decir “no investigaron”, sin detenerse a explicar “por qué” no se investigaba.
No es de recibo decir que los militares de hoy nada tienen que ver con lo sucedido en aquellos años y las revelaciones periodísticas así lo prueban.
La oficialidad toda sabe mucho más de lo que dice sobre lo que pasó y sigue pensando de la misma manera.
Incluso se ha llegado a sostener que se le hizo un bien al país y se lo haría nuevamente. Esto significa legitimar la tortura y el asesinato, delitos que jamás pueden ser aceptados, porque quienes los cometen son antes que nada “criminales”.
Bienvenida la investigación periodística de Leonardo Haberkcorn, porque demuestra que cuando se tienen las condiciones y la capacidad suficiente, además de las agallas que se requieren para ello, el periodismo uruguayo puede cumplir su rol con creces.
Sufrimos aquellos años en que no se podía pensar siquiera en ir a un cuartel a pedir explicaciones, ni mucho menos a investigar más allá de lo que le dijeran.
Quizás cometimos el error de “no jugarnos” lo suficiente, pero al menos no vendimos nuestros ideales, como hubo mucha gente que lo hizo. La que comía asados con los militares de entonces, la que era llamada para que tuvieran las primicias”. Integrar el bando contrario no sólo nos significó ser dejados de lado, lo que a la larga fue un verdadero honor para nosotros, sino ser despedidos de algún trabajo.
Esto también hay que saberlo, porque la honestidad periodística no se proclama, se la demuestra con los hechos y es justo poner las cosas en su lugar.
Alberto Rodríguez Díaz