Las cosas en su lugar

Ayer comentábamos en estas columnas la destacada intervención popular y la del periodista (Gabriel Pereira) para desentrañar uno de los crímenes más aberrantes de los últimos tiempos en el ámbito deportivo.
Quiérase o no y aunque se nos diga que el hecho no fue dentro del estadio, para nosotros es ridículo pretender ignorar que uno de los “ingredientes” del crimen fue el hecho deportivo. El triunfo que era festejado por quien a la postre perdió la vida estuvo presente en los “motivos” (si es que hay alguno) esgrimido por el ideólogo de la detestable acción para asesinar.
Y este es el punto. Mientras haya gente incluso “cobijada” desde la cárcel o desde cualquier otro ámbito capaz llevar a cabo estas acciones, seguiremos lamentando estos hechos.
Y no pretendemos cargar las tintas sobre una institución en particular, porque quien más o quien menos, todas ellas tienen en su seno barras similares, más o menos peligrosas, pero todas de accionar aberrante. Gente que no hace otras cosa que cobijarse tras una enseña deportiva pero que en realidad no sienten pasión alguna por ningún color.
Tampoco pretendemos cargar las tintas sobre la dirigencia, que nos consta que algunos pasos ha dado para tratar de erradicar a los violentos del deporte. Pero tenemos que tener muy claro el riesgo que supone hoy ser dirigente de una institución deportiva.
Más allá de que siguen existiendo los corruptos que proporcionan entradas o incluso dinero a los cabecillas de estas barras para que “alienten” a los suyos. También hay dirigentes que son presionados con amenazas a diferentes familiares cuyos datos se proporcionan, para que ellos tengan tal o cual actitud.
Pero lo que debemos decir es que a nuestro juicio la única forma de mantener a raya a estos delincuentes es denunciando y tratando de desenmascararlos. Sabemos del riesgo que se corre en estas circunstancias, pero es la única forma de decirles que no hay lugar para quien o quienes se manejan de esta forma.
Cerrar filas y responder con todo el peso de la ley es lo único que puede permitirnos erradicar a esta gentuza del ámbito deportivo. Quienes soñamos con volver un día al fútbol familiar, cuando toda la familia concurría al integrante de la misma que competía, exigimos que se ponga en vereda a la delincuencia.
Permitirles que “copen” este ámbito sería haber perdido gran parte de la batalla. Es hora de direccionar adecuadamente la acción. Hagámoslo de una buena vez, pero cederles el espacio nunca.
A.R.D.