Las cosas en su lugar

EDEl juez Jorge Díaz dispuso el procesamiento con prisión de dos efectivos de la Policía de Tránsito de Montevideo por las presiones ejercidas contra un conductor para el cobro de una coima, a cambio de no actuar ante un accidente de tránsito.

Un conductor participó de un accidente, pero no detuvo su marcha y fugó del lugar, ante lo cual fue perseguido por dos efectivos de Policía de Tránsito que presenciaron el hecho.

Tras una breve persecución, el hombre detuvo la marcha y fue abordado por los dos policías. Le dijeron que si no quería terminar en el Penal de Libertad debería darles 15.000 pesos, cosa que hizo a través de un cheque.

Pero luego el hombre decidió presentar una denuncia penal contra los dos policías, que finalmente terminaron tras las rejas.

Es oportuno apuntar dos cosas en referencia a este hecho concreto.

En primer lugar, que el conductor recapacitó sobre su proceder y terminó haciendo lo que correspondía. Todos podemos cometer un error en determinadas circunstancias y en un momento de confusión adoptar una conducta inapropiada.

Lo importante es que luego analicemos nuestra conducta, reflexionemos y obremos de acuerdo a la ley y a nuestra conciencia ciudadana.

En segundo lugar, es importante que la ciudadanía reciba un mensaje claro en cuanto a que quienes infrinjan el deber y las  leyes tendrán su merecido.

Es este un país donde la corrupción y la corruptela ha avanzado demasiado. Es frecuente que por comodidad o por “no complicarnos la vida”, prefiramos pagar, comprando tranquilidad de alguna forma.

Esta conducta, que en principio no aparece tan dañina, resulta de tremenda gravedad, debido a que es este un camino que cada vez llega más lejos.

Quienes acostumbran a viajar a Concordia en automóvil cuentan acciones de corrupción por parte de la autoridad de tránsito, que nos espantan y sin embargo del otro lado del río hay casi una aceptación tácita a las coimas.

Aplaudimos la acción de este uruguayo que luego de haber cometido el error de acceder al pago de la coima, recapacitó, volvió sobre sus pasos e hizo lo que correspondía.

Si no paramos este tema a tiempo, seguramente asistiremos a un agravamiento cada vez mayor de la delincuencia, que en estos casos proviene de quienes tienen por misión enfrentarla y combatirla.

Felizmente el caso de los dos policías corruptos, no es habitual, porque la mayoría de la policía del país, sigue siendo honesta y honrando el uniforme que llevan. Excepciones siempre habrá.

Alberto Rodríguez Díaz