Las cosas que no deben ser politizadas

En reiteradas ocasiones planteamos en estas columnas nuestra discrepancia con las medidas que se vienen implementando en relación a la lucha preventiva de la leishmaniasis. Esto es, a través de la Comisión Nacional de Zoonosis, la medida puesta en práctica, fue la de castración de los canes a efectos de evitar la descendencia de los mismos.
Aún siendo neófitos en cuestiones veterinarias y de salud, nos llamaba la atención particularmente que la medida tomada fuera sólo esta, porque no elimina el reservorio de la enfermedad, que en estos casos concretos es el perro.
Dijimos siempre que entendemos que puede ser una medida aceptable si el objetivo fuera disminuir el número de canes a mediano y largo plazo, pero nunca – de acuerdo sencillamente al sentido común –jamás en el plazo inmediato como requiere la grave enfermedad de la que hablamos.
Los animales reservorios del parásito que causa la enfermedad y que es transmitido por una mosquita al picar primero al can y luego a un ser humano estén castrados o no, siguen alojando el parásito que causa la enfermedad y por lo tanto de ser picados por el insecto en cuestión, este transmitirá la enfermedad a todo quien pique posteriormente.
Precisamente ahora es nada menos que la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República, es decir, una voz académica y específica en materia de zoonosis, la que ha salido a tomar distancia de las medidas que se están poniendo en práctica y han sido aceptadas por el Ministerio de Salud Pública a través de una ordenanza que se difundió después de haber extendido la declaración de estado de emergencia sanitaria en el departamento.
En febrero último ambas instituciones habían publicado una guía para el tratamiento de la leishmaniasis, la que concluye que al no haber tratamiento eficaz para eliminar la enfermedad en el perro, “la conducta indicada es el sacrificio humanitario de los perros infectados”.
En el mismo sentido se manifestaron las autoridades y expertos de epidemiología del MSP que habían estado en Salto poco antes.
Lamentablemente – a nuestro criterio – luego el tema se politizó y mediante una ordenanza posterior el propio MSP aceptó que los dueños de canes infectados, “si se comprometían a ciertas condiciones y controles”, podían mantener el can vivo.
Este alcance, ha sido muy infeliz. Si bien entendemos que sacrificar una mascota no es fácil para nadie, debe asumirse que mantener un can enfermo, de una enfermedad que a nivel humano tiene una alta mortalidad, y por otro lado, habiendo confirmado la presencia de la mosquita que transmite dicha enfermedad en un alto número, es como tener una bomba en casa.
Es más, muchos canes son asintomáticos, vale decir, no presentan síntoma alguno de la enfermedad, pero la tienen y si son picados por el vector pueden transmitirla.
Por lo tanto resulta muy lamentable que se haya politizado un tema que no admite dos interpretaciones, por más que nos duela, los perros enfermos deben ser sacrificados.







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