Las deficiencias que nosotros mantenemos

EDDías atrás el presidente de la Federación Rural del Uruguay hacía hincapié en el muy buen momento que se está presentando para la ovinocultura en estos momentos, que alguien ha denominado acertadamente “la soja del basalto en estos momentos”, atendiendo a los buenos números que arroja la producción del lanar, tanto en materia de carne como de lana en estos momentos.

Pero también hacía referencia a las dificultades que tiene la producción ovina en el país. Centraba éstas esencialmente en el robo de lanares o abigeato que es un flagelo constante.

Tanto es así que una rápida observación a los campos en todo el país permitirá comprobar que en aquellos que están próximos a las rutas ya no quedan lanares, debido a los constantes robos que impiden criar en esos puntos.

En la misma entrevista hacía ver las diferencias que existen con otros países productores que están a la cabeza de la producción agropecuaria a nivel mundial.

Especialmente en materia de producción ovina, Nueva Zelanda es en estos momentos el principal productor de ovinos de calidad.

Existen en este sentido, quienes atribuyen este hecho a las diferentes condiciones en que se crían los animales. Allá –sostienen –  se cría esencialmente en cautiverio o en lugares muy reducidos que impiden que los animales pierdan peso y calidad por las caminatas, mientras que en el Uruguay la producción es a cielo abierto.

Aún cuando ignoramos si la realidad en el lejano país es ésta, debemos señalar que no es lo que sostiene el Ing. Miguel Sanguinetti, quien manifestó que en Nueva Zelanda se sale apenas de la trama urbana y está lleno de ovejas, sin que a nadie se le ocurra tocarlas.

No nos sorprende que así sea, porque estamos hablando de un país muy diferente al nuestro. Un  país donde por ejemplo los puestos de diarios están diseminados a lo  largo de las rutas y los pobladores toman su diario, dejan el  pago y a nadie se le ocurre llevarse un solo diario sin pagar o tomar más de uno, algo absolutamente impensable en el Uruguay de nuestros días, donde hasta el día de hoy no hay forma de controlar los robos de ganado.

En la mayoría de las ciudades neocelandesas existe orden e higiene al punto, aspectos que son cuidadosamente supervisados por los propios habitantes de la nación.

En tanto aquí, ni que hablar del desorden en materia ambiental, sólo algunas excepciones depositan sus residuos, en los pocos recipientes que existen en la zona céntrica, cuando andan en las calles de la ciudad.

Ni que hablar de los vergonzoso que resulta salir por los alrededores de la ciudad, en aquellos lugares poco visibles, donde la mugre de todo tipo es depositada por gente cuya salud mental merece al menos ser revisada.

Lamentablemente son aspectos a encarar, porque el daño no es sólo individual, sino también se daña las posibilidades del país, que es decir las posibilidades de todos los que de alguna manera nos beneficiamos cuando las cosas mejoran.