Las dudas que no pueden tolerarse

Al finalizar el último encuentro clásico del fútbol uruguayo, disputado entre Nacional y Peñarol, un futbolista, el arquero de Nacional en este caso – aunque no importa de qué equipo sea – , agredió a uno de los policías a quien desvaneció de un golpe.
La agresión filmada por las cámaras del estadio y unas cuantas más, sirvió para probar el hecho por el cual el arquero fue procesado sin prisión. Hasta aquí nada para reprochar en la actuación de la Justicia, quizás habría que determinar si el policía hubiera golpeado al repeler la agresión se hubiera medido con la misma vara.
Pero lo que nos interesa analizar en estas columnas no es este aspecto, sino la posición que adoptara el órgano rector del fútbol en nuestro país en referencia a este hecho.
Tanto es así, que hasta el momento que sepamos todavía no se había determinado si se le aplicaría alguna sanción o no al jugador.
Esto es tremendamente grave. La Asociación Uruguaya de Fútbol, organismo rector del fútbol debe dar señales claras de su posición con respecto a la violencia y esto, señores es violencia y de la más cruda.
Este deportista, sea quien sea y represente a la institución que represente, debe ser sancionado y reprendido como corresponde a todo aquel que promueva o participe en hechos de esta naturaleza.
Cuando no se procede como corresponde se está apañando y siendo cómplice con la violencia.
Por eso cuando vemos tantas condenas a la violencia y dirigentes que se rasgan las vestiduras clamando para que las familias vuelvan al estadio, para tratar de aumentar las recaudaciones y demás, necesariamente tenemos que auscultar las causas de estas situaciones.
Mientras la violencia no tenga la contención que debe tener, de todos los que se oponen a cobijarla, entonces no habrá retorno posible, no habrá posibilidades de recuperar el fútbol como fiesta dominguera.
Si la Asociación Uruguaya de Fútbol entiende que no debe sancionar en estos casos, cuando la Justicia ha probado y condenado acciones de violencia, como esta entonces que lo diga con claridad, está cobijando la violencia y no tiene la más mínima intención de cambiar las cosas.
La violencia que se registra dentro de un campo de juego se reproduce con mayor intensidad en el público. Por algo nuestras leyes sancionan con severidad a quienes promueven estos hechos.
Si en cambio los conductores del deporte prefieren mirar para otro lado y “dejarlos pasar”, entonces que nadie se queje, seguiremos condenados a la mediocridad de estadios vacíos y de deportes que cada vez despiertan menos interés en el público.

Al finalizar el último encuentro clásico del fútbol uruguayo, disputado entre Nacional y Peñarol, un futbolista, el arquero de Nacional en este caso – aunque no importa de qué equipo sea – , agredió a uno de los policías a quien desvaneció de un golpe.

La agresión filmada por las cámaras del estadio y unas cuantas más, sirvió para probar el hecho por el cual el arquero fue procesado sin prisión. Hasta aquí nada para reprochar en la actuación de la Justicia, quizás habría que determinar si el policía hubiera golpeado al repeler la agresión se hubiera medido con la misma vara.

Pero lo que nos interesa analizar en estas columnas no es este aspecto, sino la posición que adoptara el órgano rector del fútbol en nuestro país en referencia a este hecho.

Tanto es así, que hasta el momento que sepamos todavía no se había determinado si se le aplicaría alguna sanción o no al jugador.

Esto es tremendamente grave. La Asociación Uruguaya de Fútbol, organismo rector del fútbol debe dar señales claras de su posición con respecto a la violencia y esto, señores es violencia y de la más cruda.

Este deportista, sea quien sea y represente a la institución que represente, debe ser sancionado y reprendido como corresponde a todo aquel que promueva o participe en hechos de esta naturaleza.

Cuando no se procede como corresponde se está apañando y siendo cómplice con la violencia.

Por eso cuando vemos tantas condenas a la violencia y dirigentes que se rasgan las vestiduras clamando para que las familias vuelvan al estadio, para tratar de aumentar las recaudaciones y demás, necesariamente tenemos que auscultar las causas de estas situaciones.

Mientras la violencia no tenga la contención que debe tener, de todos los que se oponen a cobijarla, entonces no habrá retorno posible, no habrá posibilidades de recuperar el fútbol como fiesta dominguera.

Si la Asociación Uruguaya de Fútbol entiende que no debe sancionar en estos casos, cuando la Justicia ha probado y condenado acciones de violencia, como esta entonces que lo diga con claridad, está cobijando la violencia y no tiene la más mínima intención de cambiar las cosas.

La violencia que se registra dentro de un campo de juego se reproduce con mayor intensidad en el público. Por algo nuestras leyes sancionan con severidad a quienes promueven estos hechos.

Si en cambio los conductores del deporte prefieren mirar para otro lado y “dejarlos pasar”, entonces que nadie se queje, seguiremos condenados a la mediocridad de estadios vacíos y de deportes que cada vez despiertan menos interés en el público.