Las principales víctimas son los laburantes

Recientemente escuchamos un comentario no falto de razón, de un aspecto de la inseguridad y es que los delincuentes de menor monta, que son los que más abundan en nuestro país, eligen como blanco de sus fechorías a la clase media, a los tipos que viven laburando, en barrios o zonas de la ciudad donde generalmente tienen algún tipo de elementos de seguridad (rejas, alarmas, perros feroces o cámara), pero que nunca es de la mejor o la más segura precisamente.
Estos delincuentes, generalmente rateros, en otros tiempos denominados “rastrillos” en la jerga policial, no tienen hoy código alguno. Si en algún momento lo tuvieron hoy lo han perdido, aquello de que no se roba en el barrio o no se ataca a los viejitos para robarle su pensión ha quedado totalmente en el olvido.
Hoy hay quienes son capaces de robarle a su madre y si no lean las crónicas policiales que se registran a diario, cuántas madres y abuelas piden que se retire a sus hijos o nietos y se les prohíba acercarse por este motivo.
Pero el comentario que mencionábamos nos hacía reflexionar sobre un aspecto innegable, se da la paradoja que quienes más tienen, con cualquier sistema de gobierno y en cualquier país, son los que están menos expuestos, debido a que cuentan con un sistema de seguridad, generalmente guardias personales, a los que no cualquier raterillo puede anular.
Significa a groso modo que los que más sufren la acción de estos delincuentes son las mujeres y también los hombres de edad avanzada, víctimas más frecuentes de los denominados “motochorros”. Víctimas que son hasta arrastradas y fracturadas para poder despojarlas de sus pertenencias.
Los laburantes que tienen que dejar sus casas sin habitantes a determinadas horas para salir a trabajar y hasta aquellas familias que en ocasiones muy puntuales, como puede ser el velatorio de un familiar, también dejan su casa sin habitantes, suelen encontrarse con la nefasta noticia de que les han robado.
Obviamente que no admitimos robo alguno, sea cuál sea la víctima del despojo, pero esto no impide que notemos las diferencias que se registran.
Así estamos y seguramente así seguiremos, a menos que asumamos que esto depende de todos y no se logrará cambio alguno si no nos comprometemos todos a aportar lo que vemos y sabemos, en un sistema que nos dé plenas garantías para realmente detener a todos quienes directa o indirectamente están relacionados con estos malandros.
Alberto Rodríguez Díaz