Las redes no son culpables, los que las mal usan sí

A raíz de un triste y lamentable hecho, difundido por “alguien” que volcó imágenes de la víctima al Whatsapp se planteó a nivel público una fuerte discusión sobre estas redes y el funcionamiento de las nuevas tecnologías.
La mayoría de los comentarios que escuchamos, reclamaban vehementemente por sancionar este tipo de conducta y abogaban por el control de estas redes y de sus contenidos, cuando no lisa y llanamente su clausura. Existen en este sentido algunos casos en el mundo y están concentrados en países totalitarios, donde el control del Estado es omnipotente y nadie opina ni difunde nada a escondidas del Estado.
Realmente no estamos de acuerdo. Las redes sociales sólo son un instrumento y la tecnología moderna toda es sumamente útil, siempre y cuando la usemos debidamente.
Este es el punto. No nos equivoquemos, como toda herramienta las redes sociales se pueden usar para el bien o para hacer el mal. Si a un martillo lo usamos para el fin con el que fue construido, es decir, para golpear ya sea en la construcción o en otros oficios similares, es muy útil y valioso. Sin embargo si lo utilizamos para agredir y golpear a una persona o en alguna otra función no específica, puede volverse un arma letal.
El Whatsapp es exactamente igual. Bien utilizado es sumamente útil para comunicarnos rápidamente, casi al instante diríamos. Mal usado puede causar graves daños, como el caso que nos ocupa, el que ha causado un rechazo general.
“Alguien ”que acertó a pasar por el lugar o estuvo allí cumpliendo funciones tomó una imagen de la víctima del hecho y no tuvo mejor idea que compartirla en la mencionada red. Horas más tarde supimos también de la desesperada solicitud de la ex esposa de la víctima, y madre de un niño de ambos, de tres años, solicitando por favor que no compartieran dicha foto y que la eliminaran, porque no quería que su hijo pudiera verla.
La cuestión es que las redes no tienen control, ni código alguno, por lo tanto no existe ética, ni se miden los daños que pueden hacerse por el mal uso.
Es uno de los grandes problemas que han explotado con la globalización y las nuevas tecnologías, que no son las culpables, porque en el fondo el morbo de la gente y hasta la malignidad siempre existió, nada más que ahora tiene mayores posibilidades de ventilarse y trasmitirse.
Por lo tanto, la cuestión es trabajar en este sentido. Un ciudadano bien formado y mentalmente sano no usará jamás las redes sociales para este tipo de acciones morbosas y aberrantes. En cambio si en realidad existen personas capaces de hacerlo – ya sea por ignorancia o por expreso deseo de herir susceptibilidades – siempre estaremos expuestos a estos casos, que sólo pueden explicarse si hablamos de mentes enfermizas.
Así las cosas confiemos en que la formación profesional de quienes asumen la carrera de la comunicación social sea capaz de poner las cosas en su lugar.
Alberto Rodríguez Díaz







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