Las redes sociales no son culpables

Entre los errores que vemos cometer a diario en materia de comunicación vemos frecuentemente que cuando se comienzan a verificar los temas, se les atribuyen errores o dislates a “las redes sociales”.
En realidad esto está indicando que muchas veces las propias personas que formulan estas aseveraciones denotan que son proclives a dejarse llevar por las redes.
Es que muchas personas son proclives a repetir lo primero que leen, ven o escuchan, sin prestar atención sobre lo sustancial en materia de comunicación, vale decir a las fuentes, a quien lo dice, qué es exactamente lo que afirma, en que se basan, cuales son sus argumentos.
Es que una de las principales formas de inducir el error, es precisamente deformar, comunicar parcialmente, atribuir una versión a una fuente inubicable o no identificable. Como “gente que estaba allí…” o los vecinos del lugar… sin determinar exactamente “que” gente, “que” vecinos, con nombre y apellido, única forma que conocemos de verificar algo.
Precisamente esto habla de una ignorancia muy extendida. Un buen lector debe ser capaz de analizar, de profundizar, de investigar una noticia o una versión antes de repetirla como una información veraz.
En caso contrario lo que corresponde es aclarar que “fulano” de tal o la publicación “tal o cual”, sostiene tal argumento.
Es que esta es la única forma de ganar en credibilidad y prestigio. Un medio que se precie de ser creíble debe dejar de correr tras las “primicias”, que felizmente hoy están bastante venidas a menos.
Si bien siempre es importante dar una información en cuanto se la conoce y se la tiene verificada, los medios más creíbles no son los que acostumbran a dar “primicias”, sino aquellos que investigan, profundizan y chequean todos los aspectos de una información antes de darla a conocer.
Aún en aquellos casos, donde las cosas no parecen claras, es importante dar a conocer todas las versiones y posiciones, identificando con claridad las fuentes y los informantes, porque no se puede ignorar que detrás de toda información generalmente se esconden intereses, legítimos o no tanto, pero intereses.
Por nuestra parte hemos aprendido en nuestro largo caminar que una información es tal cuando se la investiga, se la analiza, se obtienen fuentes identificables y por lo tanto resulta irrefutable.
Que quede claro, la culpa no es de las redes, sino de los que repiten versiones poco confiables.
A.R.D.







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