Las tediosas discusiones dialécticas ya no tienen cabida

Quizás lo que hoy escriba tenga más detractores que gente que comparta, pero es lo que sentimos y no seríamos honestos con nosotros mismos si no lo expresáramos.
Creo honestamente que el país tiene que pensar a fondo la situación que se plantea con aquellas personas privadas de libertad. Dos de los últimos delitos importantes cometidos en el país tuvieron como principales responsables a gente extranjera, esto sin entrar a considerar que uno de los recientemente detenidos tras una balacera, lo primero que dijo fue que es argentino.
Esto supone un doble problema. Primero que estaría indicando que para la delincuencia al menos Uruguay es un país fácil. Un país que aún en el caso de ser detenidos en poco tiempo podrán dejar la cárcel.
Supone además que a estos sujetos, la mayoría procesados con prisión, habrá que alimentarlos y darle alojamiento, así sea en una cárcel.
Pero en la misma línea, hemos expuesto en estas columnas lo que entendemos está definitivamente equivocado y que nos perdone el Dr. Petit, pero los derechos de los delincuentes parecen estar más resguardados y tener más defensores que los derechos de las víctimas mismo.
Siempre hemos considerado que las cárceles deberían ser un lugar de rehabilitación, pero esto no quiere decir que ignoremos que hay gente que no quiere ser recuperada, que no quiere vivir de otra manera e incluso gente quienes desprecian la vida, tanto la suya como la de los demás.
Esta tesitura está ganando terreno e nivel mundial y la prueba de ello son los propios terroristas suicidas, que no reparan un ápice al tiempo de inmolarse con tal que su demencial acción arrastre con ellos a varias personas más.
Estamos convencidos que si bien el endurecimiento de las penas y una represión más dura no será nunca solución de fondo, sino sólo paliativos, son imprescindibles para enfrentar a un puñado de delincuentes que hoy tienen a mal traer a muchos.
Por supuesto que no somos partidarios de la pena de muerte, ni de la cadena perpetua, pero debemos entender de una vez por todas que el delito nos lleva ventaja. Quienes no tienen reparos en tirar a matar inocentes, por el sólo deseo de ganarse “respeto” en el mundo delictivo, no se detienen ante leyes, ni penas de clase alguna.
La única salida que queda es trabajar en la educación, dejar de una vez por todas las largas y tediosas discusiones, para tratar de conseguir soluciones verdaderas, que en unos años más nos permitan tener una situación diferente.
Esto no se logra con tercos mensajes partidarios, sino con la sana disposición a lograr políticas de Estado, por encima de cualquier ideología en materia educativa.
A.R.D.







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