Lastimoso

El llamado “Black Friday” o “Viernes negro”, que tiene lugar anualmente en los Estados Unidos nos muestra una imagen lastimosa, verdaderamente lamentable. Miles y miles de personas arremolinándose y hasta disputando como bestias los electrodomésticos y otras mercaderías que las grandes tiendas ofrecen ese día a un precio que puede llegar al 50 por ciento del valor habitual, es el gran atractivo.

Lo que resulta realmente vergonzoso es ver la desesperación de la gente por tratar de obtener la mercadería, para lo cual no repara en correr, empujar y hasta tironear y golpearse con otros procurando hacerse con la mercadería que pretende.

Estas acciones nos revelan como ninguna otra, la realidad de la época en que vivimos. No tiene nada de nociva la aspiración de acceder a tecnologías y algunos bienes que hoy se hallan disponibles en el mercado, a precios muy menores a los habituales.

Lo que resulta realmente chocante es ver en qué medida esta aspiración puede llegar a convertirse en una desesperación.

La ansiedad que podría justificarse cuando se trata de alcanzar otros objetivos, espirituales o morales, no debe ni puede volcarse a la obtención de bienes materiales.

Las imágenes nos han mostrado el más despiadado consumismo. Son una muestra de lo que puede llegar a constituir una deformación tal que pasamos a ser “títeres” del mercado, que nos mueve a voluntad, con sólo cambiar el anzuelo.

El consumo sin límites, que prioriza la obtención de los bienes así se tenga que pasar por encima de quien sea para conseguirlos, es un signo de la falta total de escrúpulos, de la más grande deformación de los valores, porque la obtención de esta mercadería pasa a ser una prioridad absoluta y por momentos se coloca totalmente afuera de la posibilidad de control y “justifica” cualquier forma de obtenerlo.

Lo curioso es que el tradicional Día de Acción de Gracias, en los Estados Unidos, supuestamente de un fuerte contenido espiritual,  para muchas familias suele terminar con una visita conjunta al shopping donde se quedan horas haciendo filas a la madrugada para aprovechar las gangas. Televisores, tablets y teléfonos de moda son los bienes más cotizados, pero también ropa. Otros eligen no moverse de sus casas y hacer compras online. La cadena Target dijo que vendió 1.800 LCDs y 2000 videojuegos por minuto en las primeras horas del Black Friday.

Quizás sirva para hacernos reflexionar hacia dónde vamos y cuáles son realmente los intereses que nos motivan.

l llamado “Black Friday” o “Viernes negro”, que tiene lugar anualmente en los Estados Unidos nos muestra una imagen lastimosa, verdaderamente lamentable. Miles y miles de personas arremolinándose y hasta disputando como bestias los electrodomésticos y otras mercaderías que las grandes tiendas ofrecen ese día a un precio que puede llegar al 50 por ciento del valor habitual, es el gran atractivo.
Lo que resulta realmente vergonzoso es ver la desesperación de la gente por tratar de obtener la mercadería, para lo cual no repara en correr, empujar y hasta tironear y golpearse con otros procurando hacerse con la mercadería que pretende.
Estas acciones nos revelan como ninguna otra, la realidad de la época en que vivimos. No tiene nada de nociva la aspiración de acceder a tecnologías y algunos bienes que hoy se hallan disponibles en el mercado, a precios muy menores a los habituales.
Lo que resulta realmente chocante es ver en qué medida esta aspiración puede llegar a convertirse en una desesperación.
La ansiedad que podría justificarse cuando se trata de alcanzar otros objetivos, espirituales o morales, no debe ni puede volcarse a la obtención de bienes materiales.
Las imágenes nos han mostrado el más despiadado consumismo. Son una muestra de lo que puede llegar a constituir una deformación tal que pasamos a ser “títeres” del mercado, que nos mueve a voluntad, con sólo cambiar el anzuelo.
El consumo sin límites, que prioriza la obtención de los bienes así se tenga que pasar por encima de quien sea para conseguirlos, es un signo de la falta total de escrúpulos, de la más grande deformación de los valores, porque la obtención de esta mercadería pasa a ser una prioridad absoluta y por momentos se coloca totalmente afuera de la posibilidad de control y “justifica” cualquier forma de obtenerlo.
Lo curioso es que el tradicional Día de Acción de Gracias, en los Estados Unidos, supuestamente de un fuerte contenido espiritual,  para muchas familias suele terminar con una visita conjunta al shopping donde se quedan horas haciendo filas a la madrugada para aprovechar las gangas. Televisores, tablets y teléfonos de moda son los bienes más cotizados, pero también ropa. Otros eligen no moverse de sus casas y hacer compras online. La cadena Target dijo que vendió 1.800 LCDs y 2000 videojuegos por minuto en las primeras horas del Black Friday.
Quizás sirva para hacernos reflexionar hacia dónde vamos y cuáles son realmente los intereses que nos motivan.