Leishmaniasis no es un problema nuevo

Nesde noviembre del año anterior, EL PUEBLO se ha hecho eco de la situación de alto riesgo que significa la presencia del vector de Leishmaniasis y la cantidad de canes infectados, cuyo número exacto nunca fue determinado, debido a que no se adoptaron medidas concretas para determinarlo.
Ayer el tema trascendió a otro nivel, cuando integrantes de la Facultad de Veterinaria, en entrevista efectuada en El Observador TV, reconocieron y alertaron sobre la presencia del parásito en perros de los departamentos del norte, sobre todo de Salto y Artigas. Afirmando que es el causante de la denomianda Leishmaniasis visceral, uno de los tipos de la enfermedad que tiene más alto nivel de mortalidad.
Aunque aún no se conocen casos a nivel humano, tal como lo expresáramos hace de esto casi un año, se trata de un riesgo muy alto y ante el cual la comunidad y las autoridades todas se han mostrado pasivas.
De allí que nos ha parecido oportuno retrotraer el editorial publicado el 26 de febrero último, titulado ¿Otra vez la política del ñandú?, en el que entre otras cosas sosteníamos lo siguiente.
En el ámbito rural se tiene como cosa cierta – de la que no podemos dar fe – porque honestamente nunca vimos, que cuando el ñandú se siente acorralado o superado por una situación lo que hace es buscar un  agujero en la tierra donde ocultar su cabeza.
Esto se interpreta como la convicción de que si no veo la realidad que pasa a mi alrededor ésta deja de ser apremiante.
Está pasando en nuestros días con la situación de la Leishmaniasis, una enfermedad cruel y preocupante que está entre nosotros. A nivel canino se ha comprobado, aunque los diagnósticos no sean infalibles, y a nivel humano se asegura que aún no ha aparecido, aunque debido al período de incubación que tiene la propia enfermedad nadie pueda asegurarlo plenamente.
¡Ojalá que así sea!, pero la cuestión más preocupante, es el concepto que se sigue manejando en cuanto a la información.
Todavía no se ha asumido que el costo mayor de una situación de este tipo es precisamente la que se  puede derivar de  una falta de información o de una información deformada que lleve precisamente a cometer acciones de riesgo ante una situación de este tipo.
Mucho más cuando los responsables no tienen credibilidad alguna, debido a que de exprofeso ocultan información, especulan con la misma o “no aparecen” cuando se trata de ubicarlos.
Es por eso que consideramos que más allá  del daño de una merma en el número de turistas, de la pérdida del “status” sanitario o cosas similares, la afectación de un solo  ser humano por una situación que se pudo evitar es el mayor daño que se puede sufrir y hacer padecer al país.
La torpeza de hacer la del ñandú, esto es ocultar información, para no afectar determinados intereses, suele  tener este precio.
Alberto Rodríguez Díaz