Libertad de Expresión: la lucha es permanente

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

(Texto del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

Precisamente el sábado anterior se han cumplido 63 años de este hito en la historia de la humanidad. El 10 de Diciembre de 1948, apenas superado el mayor conflicto bélico del siglo anterior, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, procurando que en el futuro no se repitieran las atrocidades sufridas por la humanidad en esta guerra.

La libertad de expresión sigue constituyendo la piedra angular de la democracia. Es a la vez un freno a las ambiciones desmedidas de los totalitarismos y una forma de controlar paso a paso a los gobiernos.

Los medios de comunicación son los que generalmente obtienen información sobre los actos de gobierno y la ponen en conocimiento del público. Esto permite analizarla y opinar en consecuencia.

El rol de contralor público de las acciones de gobierno es la esencia del periodismo. Contar con medios de comunicación independientes del poder de turno, es vital para vigorizar la democracia y transparentar las acciones de gobierno.

En definitiva, los gobiernos son mandatados por el pueblo y por lo tanto tienen la obligación de informar de sus acciones.

Los gobiernos y todos sus funcionarios (incluidos los policías) que no tienen nada que ocultar no necesitan moverse en las sombras de la ignorancia y la desinformación popular.

En todos los tiempos los diferentes gobiernos, las diferentes ideologías han tenido la tentación de “maniatar” de alguna manera a los medios de prensa, de censurarlos para que no difundan tal o cual información y el tiempo ha demostrado que estos intentos han fracasado.

La historia nos dice que no ha habido muro, ni censura de tipo alguna que los pueblos libres del mundo no haya podido superar.

Sólo es cuestión de tiempo, porque en definitiva, lo que se pretende es la verdad y la justicia y estos valores tarde o temprano resplandecen.

Si bien han pasado 63 años de este acontecimiento, la lucha por el respeto a estos derechos es permanente, porque todavía quedan muchos que no lo han entendido…

Alberto Rodríguez Díaz