Lo mejor que puede hacerse

Los hechos registrados en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) han planteado una situación de gravedad que salpica a todo el sistema estatal. No es de extrañar que la Justicia haya probado corrupción, porque lamentablemente los hechos corroboran aquello de que el poder corrompe y no todos quienes han asumido cargos importantes,  incluso con poder de decisión, están capacitados para desempeñarlos con idoneidad y la honestidad correspondiente.
Por lo tanto, lo mejor que puede hacerse en estos casos es rascar hasta el hueso, si realmente existe una línea de conducción a la que atenerse, que condena todo tipo de corrupción, es la hora de demostrarla, sometiendo a controles neutrales a todo el sistema estatal que haya caído bajo la sombra de sospechas.
Lamentablemente hace ya tiempo que se ha demostrado que ningún partido político, ni ideología alguna puede sentirse más allá del riesgo de que le alcancen los malos vientos de la corrupción, porque la codicia y las ambiciones humanas están siempre presentes en todos los ámbitos.
Hoy se está hablando de contratar una auditoría externa para revisar el funcionamiento de todas las empresas tercerizadas que trabajan con ASSE, algunas de las cuales investiga la Justicia luego de comprobarse delitos por los que hubo procesamientos, entre ellos, del exdirector de los trabajadores en ASSE, Alfredo Silva.
Esto nos parece muy importante. Cuando se establecen formas de acción, líneas de conducción que pueden ser muy claras y respetables, pero no se establecen o no se realizan luego debidamente los controles correspondientes para verificar su cumplimiento, de nada sirve que alguien se rasgue las vestiduras afirmando la voluntad de obrar en forma transparente y equitativa.
Tanto el sistema de tercerizaciones, como el de concursos y sorteos, resultan permeables cuando se contaminan de gente corruptible. El propio presidente de la República había sostenido tiempo atrás que el sistema de concursos se había convertido en la mejor forma de “entrar por la ventana”. Ni que hablar ahora del sistema de tercerizaciones, que ha emulado las adjudicaciones a los amigotes y conocidos, que tanta condena merecieran por parte de la izquierda uruguaya.
Por lo tanto lo mejor que puede hacerse es blanquear hasta la última sospecha y adoptar las medidas que corresponden, caiga quién caiga.
Mal que nos pese en este campo hay mucho para revisar y no solo a nivel nacional. Ojalá se entienda.
Alberto Rodríguez Díaz

Los hechos registrados en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) han planteado una situación de gravedad que salpica a todo el sistema estatal. No es de extrañar que la Justicia haya probado corrupción, porque lamentablemente los hechos corroboran aquello de que el poder corrompe y no todos quienes han asumido cargos importantes,  incluso con poder de decisión, están capacitados para desempeñarlos con idoneidad y la honestidad correspondiente.

Por lo tanto, lo mejor que puede hacerse en estos casos es rascar hasta el hueso, si realmente existe una línea de conducción a la que atenerse, que condena todo tipo de corrupción, es la hora de demostrarla, sometiendo a controles neutrales a todo el sistema estatal que haya caído bajo la sombra de sospechas.

Lamentablemente hace ya tiempo que se ha demostrado que ningún partido político, ni ideología alguna puede sentirse más allá del riesgo de que le alcancen los malos vientos de la corrupción, porque la codicia y las ambiciones humanas están siempre presentes en todos los ámbitos.

Hoy se está hablando de contratar una auditoría externa para revisar el funcionamiento de todas las empresas tercerizadas que trabajan con ASSE, algunas de las cuales investiga la Justicia luego de comprobarse delitos por los que hubo procesamientos, entre ellos, del exdirector de los trabajadores en ASSE, Alfredo Silva.

Esto nos parece muy importante. Cuando se establecen formas de acción, líneas de conducción que pueden ser muy claras y respetables, pero no se establecen o no se realizan luego debidamente los controles correspondientes para verificar su cumplimiento, de nada sirve que alguien se rasgue las vestiduras afirmando la voluntad de obrar en forma transparente y equitativa.

Tanto el sistema de tercerizaciones, como el de concursos y sorteos, resultan permeables cuando se contaminan de gente corruptible. El propio presidente de la República había sostenido tiempo atrás que el sistema de concursos se había convertido en la mejor forma de “entrar por la ventana”. Ni que hablar ahora del sistema de tercerizaciones, que ha emulado las adjudicaciones a los amigotes y conocidos, que tanta condena merecieran por parte de la izquierda uruguaya.

Por lo tanto lo mejor que puede hacerse es blanquear hasta la última sospecha y adoptar las medidas que corresponden, caiga quién caiga.

Mal que nos pese en este campo hay mucho para revisar y no solo a nivel nacional. Ojalá se entienda.

Alberto Rodríguez Díaz







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