Lo menos malo no deja de ser malo

Cuando una autoridad nombra en un cargo público a un familiar (tenga el grado de parentesco que tenga), o un amigote, por la sola razón de serlo o incluso con el ánimo de beneficiarlo, está mal.
Cuando nombra a alguien por ser el hijo, el hermano, esposo, o tiene algún otro grado de parentesco con alguna persona influyente en el ámbito donde vamos a desempeñarnos, está mal.
Cuando uso como excusa el argumento que es un puesto donde necesito alguien de confianza y a todas luces estoy pagando un acuerdo político, adjudicando este cargo a la fracción con la cual acordé previamente, o al caudillo al cual recurrí para que me arrime determinada cantidad de votos, está mal.
Cuando oculto el verdadero motivo por el cual designo a una persona en el puesto y procuro hacerlo pasar como concursando, yendo a Montevideo, en realidad a asumir el cargo, aunque se argumente otra cosa, está mal.
Si siendo autoridad ordeno compras a empresas con las cuales tengo intereses comerciales o les adjudico obras, está mal.
Ni que hablar que está mal pretender presupuestar o dejar como “lastre” a futuras autoridades a quienes he designado de esta forma, porque en alguna medida seguiré manejando este organismo a la distancia, a través de mi gente.
Y conste que no veo que esté mal, que alguien nombre a una persona de su estricta confianza cuando se trata precisamente de funciones en la autoridad necesita confiar ciegamente, como alguien que esté al tanto de todos los movimientos de su seguridad y de las personas que integran este grupo. O bien gente que tiene que desempeñarse muy cercana a la autoridad, como un chofer o un secretario.
Y no nos sirve la excusa de que primero lo hago y después consulto a los organismos de ética para saber si está mal o no.
No nos sirve incluso que se demuestre que no hay nada jurídicamente ilegal o pasible de sanción.
Para nosotros nadie mejor que nosotros mismos para saber si estamos haciendo algo que no corresponde, ética o jurídicamente y por lo tanto no se debe esperar a que se nos diga por parte de organismo alguno lo que corresponde hacer.
Si hacemos las cosas como corresponde debemos estar muy tranquilos. Si sabemos que las hemos hecho así entonces estamos en falta y el menos mal es corregir la falta, sacando – no trasladando a ese funcionario – por la sencilla razón de lo que enumeramos, “lo menos malo no deja de ser malo”.
A quien le caiga el sayo que se lo ponga…
Alberto Rodríguez Díaz







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