Lo peor que podemos hacer, es permanecer indiferentes

El policía que se hallaba de particular charlando con una persona amiga al frente del comercio en la zona del Cordón, Montevideo, observó cuando bajaban dos personas de una moto y sin quitarse el casco se encaminaron a ingresar al supermercado, evidentemente con intenciones de concretar una rapiña.
El policía decidió darles la voz de alto, y al escucharla, los delincuentes lejos de acatarla lo acribillaron a balazos. Sucedió en la Capital hace pocas horas atrás.
Lejos de nuestras intenciones las de “dar manija” en el tema de la seguridad porque sabemos que debe ser el tema más sensible a nivel popular, pero innegablemente las medidas que existen hoy no son las adecuadas para enfrentar a una delincuencia cada vez mayor y más decidida a matar.
En este caso la policía logró detener a dos jóvenes, al menos uno sería menor de edad, los que habrían sido reconocidos como los autores del crimen.
De todas formas urge revisar algunas de las leyes y exigencias que rigen en la materia. ¿Cuándo más se requiere para entender que el casco de un motonetista, exigido por la Ley Nacional de Tránsito, se ha transformado en una suerte de salvoconducto para burlar la ley, porque resulta prácticamente imposible inculpar a alguien y probar su participación en un hecho, cuando éste se refugia en un casco.
No ignoramos que se corre el riesgo de confusión con alguien que sencillamente se olvide de quitarse el casco antes de ingresar a un comercio, pero es un riesgo menor, quien o quienes usamos cascos sabemos que es tan incómodo que apenas uno desciende del vehículo atina a quitárselo.
Tampoco ignoramos que se trata de un elemento verdaderamente eficiente al momento de proteger la vida de un motonetista y a la prueba está que varios accidentados han salvado la vida cuando se lo usa debidamente.
Pero estamos convencidos que los motonetistas imprudentes, los que suelen participar en picadas y hasta levantar las ruedas de sus vehículos, corren riesgo de muerte con o sin casco, por lo tanto de poco o nada sirve que se les exija el uso del mismo.
Se nos puede argumentar que hoy prácticamente nadie atiende a quienes ingresan con casco a un comercio, e igual lo hacen. Es cierto, pero de todas formas significa jugar para quienes pretenden cumplir con las leyes y no inconscientemente para quienes no tienen reparos en matar a un padre de familia o un trabajador.
Nadie puede quedar indiferente ante esto.
A.R.D.







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